“No vaya a isla Piedad, eso es peligrosísimo, es como ir a Esmeraldas Chiquito en Guayaquil”, dijo el vecino de José González Bone, colombiano asesinado el 18 de mayo pasado en Esmeraldas, cuando preguntamos la dirección de la familia de la víctima, quien era propietaria de una sencilla peluquería.
El hombre, completamente asustado, indicó cómo llegar a la casa de González, pero advirtió que el lugar es considerado zona roja, ya que “ni la Policía entra”. Sin embargo, una vez allí encontramos a Amelia Quiñónez Prado, una colombiana de raza negra, muy humilde, quien llegó a Esmeraldas hace cinco años junto con su marido José González Bone y su hijo.
Quiñónez dijo que vino a visitar a su familia ecuatoriana, pero por los problemas económicos en Colombia vio la posibilidad de quedarse en Esmeraldas con su cónyuge e hijo, y así lo hicieron.
“Cuando llegamos, el niño tenía 4 años, sufrimos un poco, pero pusimos una peluquería. Lo buscaban bastante a mi esposo porque era buen peluquero”, explicó la mujer, mientras se disculpaba por el aspecto de su casa, que había sufrido una inundación tras un aguacero.
Amelia aceptó que isla Piedad es peligrosa. Sus calles son angostas y adoquinadas, y sus habitantes se extrañan ante la presencia de foráneos. Pero, agregó que su marido no tenía enemigos. “Recién se había comprado una moto”, afirmó.