Martes 01 de junio del 2004 Crónica de TV

Vera horizontal

De las distintas prácticas relacionadas con el concurso Miss Universo, Carlos Vera eligió la más decadente para su segmento de temporada. Me refiero a aquella forma de calificación en la que, al paso de las candidatas, cada juez levanta un cartelito con su puntaje sobre diez: un procedimiento que los concursos de belleza comparten con las ferias ganaderas y con ciertas disciplinas olímpicas, como la gimnasia. Con la diferencia de que, mientras en la gimnasia se califica el dominio de una destreza física concreta, los concursos de belleza y las ferias ganaderas pretenden calificar la suma de cualidades esenciales que definen a las participantes como seres de su género y su especie. Las mujeres en su condición de mujeres y las vacas en su condición de vacas.

Lo digo sin afán de faltar a nadie, simplemente para señalar, como un hecho importante, el origen agropecuario de esta forma de calificar ejemplares de una especie en función de un prototipo. No es una casualidad que la época dorada de Miss Universo, que coincidió con el inicio de la televisión vía satélite, terminara casi inmediatamente después, con el auge del movimiento de liberación de la mujer, hace treinta años.

“Yo diría que es muy difícil llegar a un 10. Ella llega casi a un diez, ¡es sensacional!”, decía Rodrigo Paz, uno de los insólitos jueces convocados por Carlos Vera, a la hora de calificar a María Susana Rivadeneira: 9,5.

Durante más de una semana, la decadente práctica de los cartelitos se reprodujo en ‘Contacto Directo’, con un jurado de tres personas diferentes cada día.

“Le recomiendo a usted que no esté muy cerca de ellas” embromó Paz a Vera, con un gesto que denotaba la diferencia de estatura entre él y las altísimas candidatas. “Horizontalmente se arreglan las cosas”, replicó el periodista, pretencioso y lúbrico, poniendo de manifiesto abiertamente el sesgo machista de la ceremonia.

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