El escritor , de 76 años, aseguró que el relato es un género que simboliza la libertad, porque queda abierto y da al lector un poder comparable al que tiene el creador, ya que puede imaginar con él lo que quiera.
El escritor mexicano Carlos Fuentes vuelve a la literatura fantástica y lo hace con Inquieta compañía, un libro de relatos llenos de seres reales e imaginarios, que se mueven entre el deseo, la muerte, el sueño, la pesadilla y el terror.
La escritura de esta nueva obra le ha servido a Fuentes para “exorcizar al monstruo que todos llevamos dentro. (Edgar Allan) Poe descubrió que lo fantástico no estaba en las mazmorras, en los castillos o en los vampiros, sino que está en la cabeza del ser humano, en su corazón, en la más absoluta cotidianeidad”, explicó en una entrevista.
El escritor, cuya última obra aparecida en España fue, el año pasado, La silla del águila, presentó el 26 de mayo último en Madrid Inquieta compañía, publicada por la editorial Alfaguara.
Fuentes, de 76 años, aseguró que el relato “es un género que simboliza la libertad, porque queda abierto y da al lector un poder comparable al que tiene el creador, ya que puede imaginar con él lo que quiera”.
Este escritor que maneja con éxito todos los géneros, menos la poesía, porque no quiere, y que siente pasión por la pintura y la música, sobre todo en la ópera, ha utilizado su voz narrativa para mezclar realismo y fantasía, para hablar del ser humano sin olvidar su compromiso y su forma de entender el mundo.
“El compromiso del escritor no es su postura política, es solo el lenguaje y la imaginación, la actitud política es otra cosa y forma parte del individuo. Yo escribo de política en los periódicos”, argumentó.
Con un lenguaje mestizo, cargado de anglicismos y palabras en francés, Fuentes, uno de los nombres más simbólicos de lo que se llamó el boom latinoamericano, ha buceado en la tradición para crear unos cuentos plagados de simbología y modernidad.
El último de los relatos de Inquieta compañía, se centra en una historia clásica, la del vampiro, “un ángel negro que todos llevamos dentro y que ejemplifica la relación de la vida con la muerte. Cuando el ser humano necesita de los demás para vivir, chupa del otro lo que él no tiene, ese es el vampiro”, matizó.
El escritor mexicano también se refirió a la situación de su país y criticó que el presidente, Vicente Fox, “no se ocupa de resolver los problemas reales”.
México, para Fuentes, padece tres grandes crisis, la del Ejecutivo, la del Congreso, que no consigue elaborar leyes resolutivas, y la de los partidos políticos, solo preocupados por la carrera presidencial.
“América Latina está viviendo un mal momento”, dijo, ya que “las democracias son muy frágiles y hay mucha nostalgia de las viejas dictaduras”.
Esta situación, a juicio de Fuentes, “es muy peligrosa”, porque “los autoritarismos no resuelven los problemas, los acentúan”, mientras que la solución está “en modificar las estructuras desde abajo”.
Pero Fuentes, Premio Cervantes y Príncipe de Asturias, no solo estuvo en España para presentar este volumen de relatos, sino que el pasado viernes vio también la luz un enorme volumen sobre sus reflexiones acerca de varios pintores latinoamericanos y españoles.
Editado por el Fondo de Cultura Económica con el título Viendo visiones, tiene como protagonista al artista español Diego Velázquez.
MÁS PERSONAL
Aunque Fuentes nació en México (1928), durante su infancia y primeros años de juventud acompañó a su padre, embajador de México, en sus misiones en Panamá, Ecuador, Brasil, Chile, Argentina y Estados Unidos. En Chicago publicó sus primeros escritos en el periódico del colegio.
Regresó a México por algunos años, y entre 1950 y 1952 se inició en el servicio diplomático en Ginebra. Estudió derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre su extensa producción narrativa se encuentran Los días enmascarados (1954), La región más transparente (1958), Las buenas conciencias (1959), Aura (1963), Cambio de piel (1967), Cumpleaños (1969), Terra nostra (1975), Una familia ajena (1980), Diana o la cazadora solitaria (1994) y La frontera de cristal (1996).
Fuentes refiere que “toda literatura es un esfuerzo por dejar la puerta abierta a la comunicación entre autor y lector”.
El escritor mexicano, para muchos un firme aspirante al Nobel de Literatura, confesó que actualmente trabaja en Londres porque en su país no encuentra la tranquilidad que necesita. “En un Londres que ya no tiene brumas, por cierto, y donde uno debe inventarse sus propias brumas imaginativas”, subrayó.