Cisma en el Paraíso. El Ecuador de cuento de hadas del Miss Universo 2004, esa realidad de fantasía que nos vende la televisión (y que no existe fuera de ella), empieza a resquebrajarse en la mera cúpula. Esta semana, en dos entrevistas a día seguido para Telerama, la ministra de Turismo, Gladys Eljuri de Álvarez, marcó distancias con la organización del concurso. Estaba enojada y dijo cosas fuertes. Ahí va un resumen:
– Estoy muy molesta. Miss Universo es una oportunidad desaprovechada. En materia de turismo se hizo todo mal. Me habría gustado manejar las cosas de una manera más técnica, pero no fue posible debido al excesivo protagonismo de otro ministerio. Por eso, pido que sean devueltos los cuatro millones de dólares del presupuesto de turismo que se invirtieron en Miss Universo. “Me dijeron que era una garantía. Pues devuélvanme la garantía”.
¿No nos había dicho la TV que esta era la mejor de las vitrinas posibles? ¡Tan entusiasmados que estábamos con la idea de quedar como duques ante un mundo pendiente de nosotros, un mundo que, a partir de hoy, empezaría a valorarnos y a tomarnos en cuenta! ¿Qué hacemos ahora con esta sonrisa que venimos ensayando desde febrero?
“Todo el mundo está motivado pero yo soy más fría en cuanto a números”, dijo la Ministra. Eso significa que hay dos realidades en Miss Universo: la realidad televisiva, que es la que entusiasma a la gente, y el mundo de las políticas reales, del que la televisión no tiene tiempo de ocuparse, precisamente porque está dedicando todas sus energías a motivarnos con el discurso de la vitrina y a demostrarnos que la corona, este año, se queda en casa.
La ruptura de Gladys Eljuri con Miss Universo no es cosa sin importancia. Es un hecho que pone en duda todo lo que se ha dicho hasta el momento sobre el concurso. ¿Qué piensa hacer la televisión ante la evidencia? ¿Mirar para otro lado, como hasta ahora?