Martes 25 de mayo del 2004 | 18:41 Migración

Ecuatoriana narra su travesía por mar y tierra hasta NY

AP | NUEVA YORK, EE.UU.

Licaria Zumba pagó una fortuna prestada para viajar clandestinamente con su hija y dos sobrinas desde Ecuador hasta Estados Unidos en condiciones extremas, pero asegura que lo volvería a hacer porque  en Ecuador no hay trabajo, no hay cómo hacer. 
 
Tras una travesía de tres meses, Zumba y su hija se reunieron en Nueva York con su esposo, quien se dedica a labores de limpieza en esta ciudad desde el 2001. 
 
Zumba aún llora al recordar la dureza del viaje y a los dos hijos pequeños que dejó en casa. Le atormenta la idea de que Estados Unidos la deporte. Si me mandan a Ecuador,  cómo voy a pagar esa deuda allá? (...) Pagamos 8.500 dólares cada una por el viaje. 
 
La Oficina de Inmigración y Aduanas dejó en libertad a gran parte de las 69 personas, incluyendo Zumba y las tres niñas, halladas a fines de abril en poder de traficantes de inmigrantes en una casa de Watts, California. 
 
Zumba, de 34 años, partió en enero con su hija y dos sobrinas menores de edad de Huigra, su pueblito natal en la provincia ecuatoriana de Chimborazo, hacia las playas de Manabí para abordar una embarcación que las llevara a Guatemala. 
 
En Manabí pasamos ocho días esperando que llegara el barco. No teníamos comida. Nos daban como desmayos. Teníamos un galón de agua que nos duró sólo dos días, pero allí aguantamos, dijo Zumba en una entrevista concedida el martes a The Associated Press en la Fundación Internacional del Inmigrante. 
 
A la semana se subieron a un bote pesquero, donde navegaron ocho días y ocho noches en la bodega junto a otras 150 personas. Había mucho humo y mucho calor, porque estábamos junto al motor, pero sólo nos dejaban subir a cubierta en las noches, para que los otros barcos no nos vieran. No podíamos dormir, dijo. 
 
Los dueños del barco les dieron frijoles y tapioca los primeros cinco días, pero se terminó la comida. 
 
Intentamos calmar el hambre con el agua de mar, pero era muy salada. Los dueños del barco llamaron, y unas lanchas vinieron a traernos agua el último día, porque mi angustia eran las niñas, señaló. 
 
Zumba señaló que el peor momento de su viaje fue cuando un huracán alcanzó el barco.  Me asusté mucho cuando el dueño dijo que el barco se estaba desarmando. Mis niñas me preguntaban si nos íbamos a morir, y yo les dije: Si Diosito así lo quiere, nos quedaremos aquí, recuerda Zumba entre lágrimas. 
 
Al final llegaron a Guatemala, donde pasaron al menos una semana en un rancho sin puertas, ventanas ni camas, custodiados por tres hombres armados. Ahí comíamos frijoles, tortillas y huevos dos veces al día. 
 
Viajaron de noche en camionetas las semanas siguientes, parando varios días a la vez en zonas aisladas, a la espera de que los guías dieran la orden para cruzar a pie lo que sería la frontera entre México y Estados Unidos. 
 
Caminamos como ovejitas cuatro días y cuatro noches, pero no supimos cuándo cruzamos la frontera, porque los guías no te van diciendo por dónde vas, indicó. 
 
Zumba dijo que le dieron un galón de agua solamente, así que enseguida tuvo que comenzar a buscar agua en las piletas de las vacas en el camino. 
 
Al terminar el viaje a pie, llegaron a la casa de California donde pasaron casi un mes.   Dormíamos recostados de las paredes, hacía mucho calor. Los coyotes (traficantes) golpeaban a los hombres muy fuerte, y ellos caían encima de las niñas, así que les pedimos que tuvieran más cuidado. 
 
Los coyotes nos decían en la casa que si no le pagábamos el rescate, nos denunciarían inmediatamente. 
 
Zumba asegura que pese a la travesía, volvería a viajar porque  Cómo hacía con mi esposo aquí tan lejos? Mi hija me dijo que si nos deportan, ella se viene solita para estar con su papá. A mí me criaron en el campo, así que soy buena para trabajar. 
 
Me entristece mucho recordar mis otros dos hijos en Ecuador. Allá no hay trabajo. No hay cómo hacer, indicó. 
 
Zumba y las tres niñas esperan audiencias con las autoridades estadounidenses para aclarar su situación migratoria. 
 
Asesoradas por la Fundación Internacional del Inmigrante, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, y la Defensoría del Pueblo de Ecuador, solicitarán la visa U, que se concede a quienes sirven como testigos para la fiscalía en juicios penales. Nueve traficantes de inmigrantes o   coyotes serán enjuiciados por este caso, según la Defensoría del Pueblo.
 

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