Miguel Ángel Cabodevilla dice que a los gobiernos de turno los “pueblos ocultos” de la Amazonia ecuatoriana les importa poco. El sacerdote capuchino, quien trabajó en Orellana con los indígenas durante quince años y ahora se halla en España, comenta en una entrevista el caso de la matanza taromenane.
Pregunta: ¿Qué cambió en la zona intangible, luego de la matanza de los taromenane?
Respuesta: No ha mejorado nada, ha empeorado casi todo. Cuando hay enfermedades en un cuerpo vivo y no se tratan adecuadamente, tiende a agravarse. No hay control ninguno sobre los grandes males de la zona. Los madereros siguen talando bosques y pagando su cuota a los Babeiri (clan de Babe). No se terminó de delimitar la zona intangible.
Me consta que Babe y sus gentes han intentado (por suerte, sin éxito) un nuevo contacto/ataque a los taromenane supervivientes. ¿Qué ha cambiado? Nada, porque a este Gobierno, como a los anteriores, nada le interesa ese tema.
P: ¿Considera oportuno el proceso iniciado por el fiscal Marco Vargas?
R: La prueba de que no fue apropiado es que no ha seguido adelante, simplemente se ha desvanecido. ¿Cómo puede tratarse un asunto netamente cultural y político desde un punto de vista estrictamente fiscal? Un camino estrictamente policial y fiscal no lleva a ninguna parte.
P: ¿Qué le parece el perdón de los ancianos huaorani?
R: Me parece algo inevitable conociéndoles y sabiendo las tensiones internas de sus grupos de base. A la Onhae no se le puede exigir lo que no es capaz de dar. La Onhae es una organización en formación, que apenas balbucea. Resultaría absurdo poner sobre ella responsabilidades que corresponden a organizaciones indígenas de más nivel y experiencia.
P: ¿La muerte de los taromenane motivó a las autoridades para protegerlos?
R: Ya está respondido. A las autoridades, locales, regionales y nacionales les ha importado una vaina la suerte de los taromenane. Otra precisión: los petroleros, propiamente, no invaden, al menos en el sentido de que son una industria estatal, ligada a contratos oficiales. Los madereros hacen un trabajo ilegal e incontrolado, pero curiosamente a sus anchas en una zona particularmente controlada por los militares.
P: ¿Acaso la Iglesia se siente responsable de haberlos evangelizado y luego permitido que muchos huaorani vivan a expensas de las petroleras y madereras?
R: Imagino que se refiere a la Iglesia Católica. Si es así, he de recordar que no existen huaorani católicos. Nuestra evangelización ha querido consistir en lo que es básico: darles la buena noticia de la vida, acompañarlos, ayudarles a vivir. Desde hace 30 años los hemos apoyado en la defensa de sus territorios, la contribución en servicios básicos (salud, educación), el conocimiento de su historia y su cultura. Personalmente considero un fracaso eclesial no haber podido impedir esa matanza.