Casi siempre me subo a la línea 89, y hace dos semanas, aproximadamente, a la altura de Aguirre y Pedro Moncayo se embarcaron dos sujetos a vender dos barritas de melcocha y lo peor de todo es la naturalidad con la que el chofer los dejó subir. Estos tipos tenían mala apariencia y con las insinuaciones que nos hicieron, obligaron a que todos los usuarios les compremos las melcochas. Cuando se bajaron le cuestioné al chofer por qué los dejaba subir y le pregunté que si él nos iba a responder por las cosas que nos robaran. El mensaje central es que le dije al conductor que por favor no dejara subir a esos sujetos, que si me robaban, él no me iba a pagar, y que si observó la clase de gente que se iba a subir al bus, debió cerrar la puerta.
Ese día yo llevaba un celular, gafas, discos compactos y 50 dólares. Dichos individuos no me robaron, pero pasé un gran susto. Yo sé de casos que le han ocurrido a mis amigos, que se han encontrado con estos sujetos, que dicen que los apoyen porque recién han salido de la penitenciaría. Con esto, quién no les compra.
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