Un mexicano fue demandado por acoso sexual cuando solo tocaba cariñosamente la espalda de una colega, un chino citado por la justicia por vender pollos vivos: miles de inmigrantes en Estados Unidos siguen sus tradiciones culturales, aunque no siempre tienen la ley de su lado.
“Cosas como tocar o besar a un niño pueden ser un gesto cariñoso en América Latina; aquí es mirado con muy malos ojos o como un caso de abuso sexual”, opinó Alison Renteln, profesora de ciencias políticas de la Universidad del Sur de California.
“Para los inmigrantes, vivir en Estados Unidos es una prueba de equilibrio constante (y) querrán mantener las costumbres de su país, pero a la vez cumplir con la ley del país que los recibe”, dijo la experta, que durante diez años analizó casos de extranjeros que cometieron delitos por seguir sus tradiciones y los reunió en el libro Defensa cultural, recientemente publicado.
Según el mencionado libro, son en primer lugar los asiáticos, seguidos de los latinoamericanos, los que más problemas tienen con la ley en Estados Unidos, por preservar algunas de sus tradiciones culturales o religiosas.
Son precisamente los hispanos y los asiáticos en Estados Unidos los que –de aquí al año 2050– triplicarán su presencia en el país, mientras que la población blanca no hispana podría reducirse a la mitad del total, informó recientemente la Oficina del Censo norteamericana.
Según estas proyecciones, la comunidad hispana pasará de los actuales 35,6 millones de personas a 102,6, un aumento del 188%, mientras que la población asiática crecerá 213% y pasaría de 10,7 millones a 33,4 millones. Centenares de ejemplos aparecen en el libro de Renteln sobre inmigrantes que se sorprenden ante la “rigidez y contradicciones” de la ley estadounidense.
“Un chino –dueño de una avícola– no entiende por qué fue citado a declarar por vender pollos vivos, mientras que el italiano del restaurante hierve vivas cerca de doce langostas cada día sin que nadie le diga nada”, cuenta Renteln.
“Inmigrantes asiáticos han sido arrestados y encarcelados por conducir bajo los efectos del alcohol o de una sustancia tóxica por beber té de Kava, la famosa bebida del Pacífico Sur, extraída de la raíz de la planta, conocida por sus cálidos efectos relajantes”, añade.
La lista es infinita en un país que se jacta de ser uno de los que mejor resolvió el polémico tema de la inmigración. Uno de los casos más publicitados –narra Renteln– fue el de un hindú, que demandó a Taco Bell, cadena de restaurantes de comida rápida mexicana en Estados Unidos, por haberle hecho comer un “burrito de carne” en lugar de un “burrito de frijoles” como él había pedido. En su demanda el hombre alegaba que Taco Bell debía pagar por los traumas que había sufrido por comer un animal, alimento que su religión prohíbe tajantemente.
A sabiendas de que la solución a estos problemas es muy compleja, la autora cree que los jueces deberían tener en cuenta la cultura del inmigrante a la hora de decidir sus fallos.
“Los tribunales estadounidenses deberían estar abiertos a escuchar este tipo de argumentos. La corte debería entender qué es lo que lleva a muchas personas a cometer estos crímenes. No es cierto siempre que hay que tratar a todo el mundo exactamente igual”, opinó.