El Instituto Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) y la Misión Japonesa acogieron la petición de ayuda de las familias campesinas del cantón Oña, provincia del Azuay, y optaron apoyarlas con un proyecto de fomento del cuy con mejor genética y técnica de manejo, dada la importancia que tiene la cría de animales menores.
Salvador Ortega, así como varias decenas de beneficiarios del proyecto, ya no cría cuyes criollos ni de la manera ancestral en que padres, hijos y nietos se cruzaban y convivían en la cocina, debajo del fogón.
Después que un grupo de ocho comunitarios recibió 400 hembras y 2 machos de mejor raza, alimento para varios meses, capacitación y cumplió el compromiso de entregarle a la comunidad el doble de animales donados, él independientemente en su granja les pone a cada uno marca, una dieta alimenticia completa a su hora debida, les mantiene el piso y la jaula limpios y los cría separados por edades y sexo en un galpón con capacidad para 200 ejemplares. Con esto y el registro riguroso individual, el piojo y las salmonellas ya no causan la alta mortalidad que diezmaba las camadas de Salvador, y la cuyera le genera un ingreso de 120 dólares mensuales sin mayor gasto por mano de obra y compra del alimento. Como lo ve él, esta especie menor le da valor agregado a sus cultivos de maíz, trigo y alfalfa.