Las fuentes de sustento de 300 pobladores de Jamanco, comunidad ubicada a 72 kilómetros al nororiente de Quito, están en peligro, debido a la falta de respuesta de las autoridades a sus pedidos de indemnización por los daños ambientales que produjo un derrame de 6.700 barriles de petróleo en sus zonas de cultivo, pastoreo, turismo y de producción de truchas.
Han pasado más de 10 meses desde que una rotura en el kilómetro 197 del Sistema del Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) virtió grandes cantidades de crudo en las aguas del río Tambo y en sus afluentes, los ríos Sucos y San Juan.
Si bien la empresa Ecuavital, contratista de Petroecuador (operadora del Sote), realiza la biorremediación de los daños desde noviembre pasado, Juan González, presidente de la comuna de Jamanco, cuestiona la falta de avances en las indemnizaciones.
Jamanco está situada entre San Juan Loma y la laguna de Papallacta, donde el derrame contaminó tres kilómetros de terreno, alteró el ecosistema del río Tambo y contaminó el río Sucos, bebedero de 500 cabezas de ganado.
Jamanco contaba con una estación piscícola de producción de truchas, donde tres de las piscinas se destinaban al alevinaje, es decir la crianza de estos peces, con una capacidad de 17.000 crías. Las seis restantes se les utilizaba en la primera etapa de producción.
Ahora, las huellas del derrame de crudo es lo único que yace en las piscinas, cuya infraestructura está abandonada, pues a 20 metros a un costado de ellas se receptaba el agua del río por medio de un canal, que hoy solo traslada un líquido turbio a pesar de las boyas que se colocaron en varios puntos de esta vertiente para contener el crudo. Las piedras de las riberas del río lucen negras y aceitosas.
Según los comuneros, existen abortos en el ganado, debido a la contaminación del bebedero, pese a que se colocaron cercas para impedir que las reses accedieran al lugar.
La producción de leche, que se la comercializaba con la empresa Nestlé, se ha reducido, según Juan González, en un 50%. Una vaca rendía 12 litros y ahora produce un promedio de 5 litros. Al ganado no se lo puede vender, pues hay el temor en los compradores de adquirir animales infectados.
Con gran desconsuelo, Rebeca Manitio, una de las pobladoras de Jamanco, dijo que el jueves pasado perdió una cabeza de ganado. “Nos dicen que si no hay pruebas de que la muerte del ganado es por el petróleo no se nos pagará”.
De 500 cabezas de ganado que tenía esta comuna, han quedado 170. Según los comuneros 30 reses perecieron por el derrame y las otras han sido trasladadas a otros pastizales.
Juan Carlos Claudio, arrendatario de un complejo turístico, sostuvo que el turismo se ha reducido en 80%. Antes del derrame 300 personas visitaban el lugar los fines de semana; hoy solo van 60 personas.