- FEB. 08, 2004 - Foto - Sucesos - EL UNIVERSO
Con un pequeño álbum de fotos de su hijo Alberto, cuyos restos fueron hallados en la vía Peritmetral, Priscila Bazurto, acudió ayer a la ciudadela Martha de Roldós en donde sus antiguos vecinos colaboraron para el sepelio del niño.
Los restos del niño serán velados hasta el miércoles, cuando su padre retorne de Italia para el sepelio.
Con la colaboración de vecinos y familiares, Priscila Bazurto reunió ayer los 140 dólares que necesitaba para los gastos funerarios de su hijo Alberto Estefan Paéz Bazurto, de 6 años, cuyos restos fueron descubiertos, tras 14 meses de su desaparición.
Cuando eran las 10h25 de ayer, en la morgue de la Policía, la mujer tras poner una delgada tela blanca dentro del ataúd contemplaba como a uno a uno colocaban los huesos pertenecientes a su hijo, encontrados la mañana del jueves pasado en la vía Perimetral, cerca del lugar de donde desapareció el 24 de diciembre de 2002.
Mientras el dolor envolvía a los familiares, las acusasiones sobre las presuntas responsabilidades de la desaparición del niño caían sobre su madre, Priscila Bazurto, quien fue acusada por la abuela paterna del menor, Enna Torres.
Según Torres, la madre tenía escondido al niño, para que ella no pudiera verlo.
Bazurto también acusó a Torres, pues ella creía que su abuela lo mantenía oculto.
Bazurto acudió la mañana de ayer hasta el domicilio de Torres en busca de ayuda para el sepelio del menor, pero no fue atendida. “Quiero que dejemos las discusiones, ahora es importante mi hijo”, dijo mientras lloraba junto a su hermano Ovidio.
“Yo adoraba a mi hijo”, agregó, mientras de un bolso negro extrajo un pequeño álbum de fotos y rompió en llanto cuando exhibió la última fotografía de Alberto, tomada el 20 diciembre de 2002, durante el programa navideño realizado en la escuela Amiguitos de Dumbo, en donde cursaba el segundo año de básica. El plantel está ubicado en la ciudadela Martha Roldós, donde habitaba.
En el mismo sector, la abuela de la víctima, vestida de luto y con el rostro pálido, también recordó a su nieto, a quien llamaba Albertito.
“Yo también lo crié, porque la mamá supuestamente trabajaba en Puerto Azul; lo dejaba a las 07h00 y lo recogía a las 18h00, pero lo maltrataba, en una ocasión lo castigó solo porque sacó 16 en un materia, yo lo impedí, pero me dijo que ella hacía lo que le daba la gana porque era su hijo”, expresó la abuela, Enna Torres.
Señaló que su hijo Pedro Paéz, padre del niño, por falta de trabajo una vez que se graduó de ingeniero civil, decidió emigrar a Italia. “Todos los meses le entregaba a la mamá 85 dólares para la mantención del niño, y a pesar de no vivir con ella no le hacía falta nada”, refirió.
Con copias de denuncias hechas en varias instituciones y la búsqueda realizada en orfanatorios de Pichincha, Enna demostró los trámites que realizó tras la desaparición para localizar al niño.
Tras el hallazago de los restos del menor, Enna cuestionó los maltratos físicos a los que supuestamente estaba expuesto el niño. “En una ocasión por un poquito no le habían reventado los testículos, mi hijito me contaba que el padrastro lo golpeaba contra la pared a él y su madre”, relató.
Bazurto, mientras recibía condolencias y respaldo de sus antiguos vecinos de la manzana 704, de la ciudadela Martha Roldós, en la cual vivió durante cuatro años, negó los supuestos maltratos a su hijo. Su versión fue confirmada por los vecinos. “Mi novio, en ese entonces Freddy Sánchez, nunca lo maltrató y después de la desaparición nos separamos”, agregó.
Las mujeres exigieron investigar el caso para determinar quién asesinó al niño, ya que según Bazurto, el menor había sido secuestrado por un hombre que se lo arranchó de las manos. “Yo tenía la esperanza de que estuviera en Italia con su padre”, sostuvo.