Domingo 25 de enero del 2004 Letras y Notas

José Saramago, la ética como compromiso de vida

Editora de Arte y Espectáculo | Clara Medina

El laureado escritor portugués será huésped del Ecuador desde 16 hasta el 21 de febrero próximos. Es la figura central del encuentro Pablo Neruda por una Cultura de Paz, en la Fundación Guayasamín.

Ni el arte ni la literatura tienen que darnos lecciones de moral. Somos nosotros los que tenemos que salvarnos y solo es posible con una postura ciudadana ética, aunque pueda sonar a antiguo y anacrónico. Quien suscribe  estas palabras es el escritor portugués José Saramago, Nobel de Literatura 1998, que será huésped del Ecuador del 16 al 21 de febrero próximos.

En esa frase se resume su filosofía de vida, con la cual puebla sus ficciones y su realidad, porque tanto en el plano literario, como en la existencia diaria, este hombre, de 82 años y mirada tímida, muestra su  compromiso con la ética y con la humanidad, en esta época, en que  “el ser humano se ha convertido en el elemento más descartable que existe en el planeta”, según sus palabras.

Aunque muchos lo califican como pesimista, en el fondo es  optimista. Cree en los  valores que parecen tener poca cabida en la sociedad actual: el respeto,  la dignidad. Y  se muestra solidario con los marginados. Quizá porque  él mismo sufrió carencias y vivió  de cerca la falta de libertad. Su país padeció una larga dictadura, de la que el narrador fue combatiente.

Saramago nació Azinhaga, Portugal, el 16 de noviembre de 1922, en una familia de labradores y artesanos. Pero  no es ese su apellido verdadero. Cuando  tocó inscribirlo en  la escuela, la familia se percató de que al pequeño José Sousa –así se llamaba el futuro escritor–,   por error en el Registro Civil lo habían inscrito con el apodo familiar: Saramago. Aunque ahora posee doctorados Honoris Causa, en su juventud no pudo seguir estudios universitarios por falta de recursos económicos y para subsistir trabajó en diversos oficios: cerrajero, empleado sanitario y de la beneficencia, editor, traductor y periodista.

Comenzó a escribir joven y en 1947, cuando tenía 25 años, publicó su primera novela, Tierra de pecado. En esa misma fecha nació su hija Violante. Tres años antes se casó con la pintora Ilda Reis. Tras ese libro, Saramago guardó un silencio de casi 20 años. En la década del 70 volvió a publicar. Al quedarse sin empleo, decidió no buscar trabajo y dedicarse por entero a escribir. El reconocimiento internacional le llegó en 1982, con Memorial de un convento, libro  al que siguieron otros que no hicieron sino acrecentar su prestigio: El año de la muerte de Ricardo Reis, Cuadernos de Lanzarote, La balsa de piedra (llevada al cine en el 2002), El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera,  Todos los nombres, La caverna y El hombre duplicado, por citar unos cuantos.  En marzo  circulará su nueva novela, Ensayo sobre la lucidez.

Casado con la periodista sevillana Pilar del Río, Saramago vive entre Lanzarote, España, y Portugal, país que se honra en tenerlo como su primer Premio Nobel de Literatura, galardón que le fue concedido por el conjunto de su obra.

Defensor de los derechos humanos, lo que lo llevó a protestar el año pasado por los fusilamientos que se realizaron  en Cuba, en el régimen castrista, con un “hasta aquí he llegado, hasta aquí los acompaño”, Saramago, izquierdista convencido,  es una especie de conciencia crítica de la sociedad.

Los temas de su preocupación son  amplios, pero hace hincapié en algunos como la identidad, la democracia, la libertad, la cultura del consumo, el individualismo. Es un autor que propone hondas reflexiones. Cree, por ejemplo,  que el antídoto para el mal funcionamiento de la democracia es “una sociedad crítica que no se limite a aceptar las cosas por lo que parecen ser y luego no son, sino que se haga preguntas y diga no siempre que haya que decir no”.

En su obra, el autor siente predilección por los seres anónimos y cotidianos, por esas personas que muchos podrían pensar no tienen nada interesante que contar y él nos las muestra en su humildad, en su sencillez, en su profundidad humana.
Una particularidad de los narradores de las obras de Saramago es recordar al lector que está asistiendo a un relato e incluso se adelantan a los acontecimientos. 
Dan como pequeñas pistas. Pero, quizá la característica fundamental de este escritor es la solvencia con que incorpora los diálogos. Descarta los guiones, proporciona un texto corrido que sin embargo no se presta a confusión. La mayúscula después de una coma significa que habla otro personaje. Es una convención que el lector apenas la descubre, la acepta.

SU AMISTAD CON GUAYASAMÍN
El escritor José Saramago vendrá al Ecuador por invitación de la Fundación Guayasamín y será condecorado por esa institución y la Unesco, durante el encuentro de intelectuales que se desarrollará en Quito. Cuando Guayasamín falleció, en marzo de 1999, Saramago envió una condolencia en la que decía que lo conoció un año antes en La Habana y que  como amigo y  artista pensó continuar esa  relación,  que lamentaba no hubiese comenzado antes. Terminaba su texto diciendo que recordaría a Guayasamín  como una persona que estaba en la misma región de sus convicciones.

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