En alguna ocasión hemos dedicado esta columna a mirar el mundo desde una perspectiva diferente, aunque incorrecta. Hoy el tema central es el matrimonio, que comenzamos ilustrando con la siguiente historia:
Caminaba Adán por los jardines del Paraíso con una expresión bastante deprimida. En ese momento, oyó la voz de Dios, que le preguntaba:
—¿Qué es lo que no va bien en tu vida?
Adán respondió que no tenía con quién hablar.
Dios, que quería verlo contento, decidió crearle una compañera, a la que llamaría “mujer”.
—Lo haré lo mejor que pueda —continuó Dios. Esta nueva criatura cocinará, lavará, y siempre estará de acuerdo con cualquier cosa que decidas. Te dará herederos, pero jamás te despertará en mitad de la noche para que cuides de ellos.
“No será celosa, admitirá sin chistar que está equivocada (aunque no lo esté), y llenará tus horas de cariño, amor y ternura”.
—¿Y cuánto me va a costar? —preguntó Adán.
—Una pierna y un brazo.
—Muy caro. ¿Qué me das a cambio de una costilla?
El resto, como sabemos, es historia. Y dio origen a una serie de proverbios (también políticamente incorrectos) que transcribo a continuación:
“El diablo coloca al principio al hombre encima de la mujer, para después colocar a la mujer encima del hombre” (proverbio de Córcega). “Existen tres tipos de hombre que no entienden a las mujeres: los viejos, los jóvenes y los que están en medio” (proverbio irlandés). “El matrimonio no es una lotería, porque en la lotería siempre gana alguien” (G. Bernard Shaw).
“El amor es como la sopa: las primeras cucharadas no nos gustan porque queman, y las últimas son horribles porque están siempre muy frías” (Jeanne Moreau). “El amor es ciego, pero el matrimonio hace que recuperemos la visión” (proverbio alemán). “La teoría de la relatividad es lo siguiente: una hora cerca de una mujer bonita parece durar un minuto. Un minuto cerca de una mujer fea parece durar una hora” (Albert Einstein). “Nunca hagas el amor un sábado por la noche, porque llegará el domingo y no sabrás cómo llenar tu tiempo” (Sacha Guitry).
“Los hombres se casan porque están cansados de buscar. Las mujeres se casan porque tienen miedo de continuar buscando. Como resultado, ambos terminan tristes” (Oscar Wilde). “Las mujeres terminan viviendo siempre más que los hombres, sobre todo cuando se quedan viudas” (Clemenceau). “Las mujeres dividen nuestro placer, doblan nuestra inquietud, y triplican nuestros gastos” (Oscar Wilde).
“El divorcio es una enfermedad contagiosa, cuyos primeros síntomas surgen el día de la boda” (Elizabeth Taylor). “El matrimonio es el único tipo de cadena perpetua cuya sentencia solo puede ser suspendida por mala conducta” (de nuevo, Oscar Wilde).
Y para terminar esta columna políticamente incorrecta, cuento la historia del hombre que, por defraudar en el impuesto sobre la renta, fue condenado a pasar una larga temporada en el infierno con una mujer horrible. Dos años después se encuentra con un amigo que había defraudado más dinero que él. El amigo vivía con una mujer más fea todavía.
Los dos, resignados a su destino, se quedan a esperar el final de la sentencia. De repente, en uno de los caminos al Paraíso, se encuentran con un tercer amigo, que estaba con una chica inteligentísima y bellísima, capaz de matar de envidia a cualquiera.
—¿Pero de dónde has sacado esa belleza? —le preguntan.
—No tengo ni la menor idea —responde el amigo. Sólo sé que, cada vez que nos besamos, ella grita “¡maldito impuesto de la renta!”