Miércoles 19 de noviembre del 2003 Cartas al Director

Meditar pedido del Arzobispo

Monseñor Arregui, arzobispo de Guayaquil, ha manifestado su deseo de que la Navidad tenga una celebración esencialmente espiritual, por lo que pidió a la Iglesia y otros sectores cristianos que hagan motivaciones con ese fin.

Es oportuno ese anhelo, puesto que el gran comercio empezó a hacer “su agosto” desde el mes de septiembre con motivo de esa tradicional celebración de diciembre.

Las ofertas con tentadores atractivos terminan deslumbrando los sentidos, al punto que los bienes materiales se convierten en razón única de la celebración navideña y se pierde  el verdadero sentido espiritual de la solidaridad, paz y amor.

He ahí entonces que el pedido del Arzobispo aspira a disuadir el comercio materialista que satisface ostentosas vanidades de unos y demostración de poder económico de otros, pero que a ojos de los que nada tienen les causa mayor depresión.

En este país las grandes desigualdades agobian a las mayorías carentes de beneficios fundamentales consagrados en la Constitución, como el derecho al trabajo y a una vida digna; pero, la Navidad espiritual que exhorta monseñor Arregui podría convertir la algarabía de unos y la tristeza de muchos en una sola armonía de paz y amor como corresponde.

Arturo Vicente Zambrano C.
Guayaquil


Bien hace la Arquidiócesis de Guayaquil iniciar la campaña El verdadero sentido de la Navidad, pues últimamente se confunde esta celebración con el trivial comercialismo, fenómeno de ofertas y demandas desproporcionadas.

Unos quieren aumentar las horas de trabajo suprimiendo las utilidades, otros no quieren curar ni educar mientras no reciban aumentos, varios no desean bajar los precios y algunos nos involucran en una guerra que no nos compete. Es momento de reconciliarnos con Dios y nuestro prójimo, compartir con el que nada tiene, preocuparnos por el desvalido, el enfermo, manteniendo nuestra paz interna.
Dice monseñor Arregui que debemos alegrarnos con los que están alegres, llorar con los que lloran, vivir en armonía unos con otros.

Alimentemos entonces día a día la esperanza, el ánimo de superarnos para ser mejores, permaneciendo unidos, respetando nuestras diferencias, dando buen ejemplo a nuestros hijos para progresar indudablemente.

Fernando Renella Coll
Guayaquil

 

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