Ahora estamos con el cuento de las bodeguitas. Aunque la telenovela del lanzacohetes parece que quiere regresar. El próximo escándalo probablemente será que los calzoncillos que usa Tirofijo vienen del Ecuador. Nuestro embajador deberá regresar a Quito para consultas. Se exigirán entonces disculpas y se designará otra comisión de transparencia para aclarar la veracidad de este hecho. Y para no romper la tradición, se iniciarán acciones judiciales para sancionar “hasta las últimas consecuencias” a los responsables de haberles vendido a las FARC ropa interior de algún arsenal. El Canciller deberá comparecer al Congreso y el asunto pasará luego al Tribunal Constitucional.
Así va el país. En eso consume el tiempo nuestra dirigencia. Que el convenio para construir los dichosos centros de acopio no necesitaba de la aprobación del Congreso está claro. Hoy la regla general es que los convenios internacionales no necesitan ir al Congreso sino en muy contados casos, dependiendo de las materias de que tratan. Sin duda, esto es un gran avance. En el pasado, tratados internacionales de enorme importancia dormían por años en las bodegas del Congreso.
El convenio de marras no cae en ninguno de esos casos excepcionales. Que mediante un convenio internacional el Estado ecuatoriano puede pactar con entidades públicas extranjeras que sus controversias sean resueltas por tribunales extranjeros, tampoco parece ser un problema. Lo que la Constitución prohíbe es que el Estado ecuatoriano firme con personas “privadas” extranjeras contratos en los que se pacte que sus divergencias sean resueltas por jueces no ecuatorianos. Pero solo si se firman en el Ecuador. Si el contrato se firma en el extranjero tal sumisión (aunque parezca absurdo) sí es válida, y si la sumisión es ante un tribunal arbitral –no ante jueces ordinarios– ella también es válida. Así lo dispone la Constitución. Así lo han entendido la Corte Suprema y el propio Congreso. Que si el convenio es o no conveniente, no lo puede resolver el Tribunal.
Pero esto ¿es realmente importante? ¿Debemos pasarnos en estas discusiones cuando está por caernos encima nuestro un enorme armario que amenaza con aplastarnos? ¿Nos merecemos los ecuatorianos este circo de tercera? ¿Cuánto tiempo más creen estos señores que se les va a tolerar tanta irresponsabilidad?
Las metas económicas ofrecidas ya son inalcanzables. La economía estatal con incidencia en el resto del sistema (petróleo, electricidad, telecomunicaciones, etcétera), y que es la clave de nuestro desarrollo, simplemente se empantanó. Así, los problemas económicos que nos esperan coincidirán con un endurecimiento precisamente del conflicto colombiano, con lo que el margen de maniobra internacional del Ecuador será casi inexistente. Se sobrevivirá gracias a la benevolente actitud de los organismos multilaterales, que la tendremos que pagar cerrando los ojos y firmando quién sabe qué.
Cuando eso suceda lo más probable es que se siga debatiendo sobre quién le vendió a Tirofijo sus calzoncillos “made in Ecuador” o con quién cenó Fernández. Y muy tarde entenderemos por qué Camboya terminó devorada por un conflicto cuya dirigencia también decía que era “ajeno”.