Domingo 26 de octubre del 2003 Letras y Notas

Vázquez Montalbán se volcó a la gastronomía a través de las letras

AFP | BARCELONA, ESPAÑA

Su personaje Pepe Carvalho, que fue protagonista y pretexto narrativo de varias de sus novelas policíacas, evidenció su gusto por la buena mesa.

El escritor español inició su carrera literaria en 1967, con la publicación de  Una educación sentimental.

Uno de los intelectuales españoles más influyentes en la vida cultural de la nación y de mayor proyección en el extranjero, Manuel Vázquez Montalbán, quien falleció la semana pasada en Bangkok, proyectó en su creación Pepe Carvalho –personaje de varias de sus novelas policíacas– toda su afición por la buena mesa.

Polifacético, Vázquez Montalbán acudía a mítines, encabezaba manifiestos, escribía sobre fútbol o política internacional y también sobre gastronomía, a la que se volcó últimamente con pasión e intensidad. Ello se tradujo en la publicación en Ediciones B de diez volúmenes en los que analiza desde la cocina mediterránea hasta la mestiza.
 
Es en su obra carvalhiana, por el contrario, en la que Vázquez dejó plasmada la mejor investigación sobre lo que sucede en los fogones de todo el mundo, gracias a su predilección por la cocina, su enorme curiosidad y su mentalidad universalista.
 
“Los placeres normalmente se convierten en material literario para estigmatizarlos, y no solo la lujuria, que ha llevado al infierno de las escrituras a buena parte de los mejores personajes, sino también la comida, utilizada solo como paisaje por los grandes escritores o a lo sumo como dato naturalista”, escribió el autor.
 
“La sordidez de la novela policíaca más o menos convencional no excluye apuestas por los placeres y si James Bond demuestra un excelente conocimiento de champanes no veía yo por qué Carvalho debía renunciar a explicarse la vida mediante sus aficiones gastronómicas, lo mismo como cocinero que como consumidor”, explicó el escritor español.

Un Pepe Carvalho que reconoce tener una biografía impresentable: ex rojo (comunista). Ex agente internacional. Amante de una “puta selectiva más que selecta”. Sin embargo, también un detective capaz de cocinar: “Me llamo Pepe Carvalho y estoy guisando una pierna de cordero lechal a la cerveza. Los nombres de los platos de cocina impresionan mucho, pero los procedimientos suelen ser rutinarios, fáciles, obvios”, dice el personaje.

Carvalho en sus tiempos de hombre letrado, se educó en la máxima de Brillat-Savarin, que indica que el hombre se distingue del animal en que puede beber cuando no tiene sed y no necesariamente agua.

“Carvalho aprecia el vino y la cerveza, pero le parecen bebidas demasiado vinculadas con la religión y algo trágicas, cuando no tragicómicas”, señalaba el escritor español.

En la novela titulada Quinteto de Buenos Aires, Carvalho sostiene el siguiente diálogo ilustrativo con Alma, la protagonista:

“—No me hagas hablar más. Tengo sed. Sed de agua.
—La sed de agua es primitiva, la sed de vino es cultura y la sed de un buen coctel es sin duda la más elevada...”

En ese libro dedicado a la Argentina, Vázquez Montalbán recuerda la existencia de La Estancia Vieja, un exitoso restaurante argentino al cual asistía atraído por el matambre y el chimichurri, dos recetas argentinas que Carvalho rescata también en la novela titulada Asesinato en el Comité Central.

Manolo Vázquez tenía muy clara la concepción de la cocina y la gastronomía. “Cuando se come se convoca la memoria del paladar, y en cierto sentido es el territorio más firme de la gastronomía, donde hemos refugiado las pasadas experiencias y el patrimonio de los sabores. La cocina es una metáfora ejemplar de la hipocresía de la cultura, porque se basa en un asesinato previo, sea de una alcachofa o de un jabalí, asesinato enmascarado gracias a la cultura, gracias a la práctica culinaria”.

Según Vázquez, “todas las cocinas son mestizas. Solo el crudívoro puede presumir de conservar, si quiere, una cocina tan original que se remonta al instinto depredatorio”.

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