La conjugación de temperaturas relativamente altas y de aguas glaciales pudo desempeñar un papel en la formación de la majestuosa cordillera de los Andes, sugiere un estudio en la revista Nature en su número del jueves.
Los Andes superan ampliamente en altura a la mayoría de cadenas montañosas masivas de carácter volcánico. Situados en el punto de encuentro de dos placas tectónicas, los Andes se elevaron cuando una de las placas se deslizaba bajo la segunda. Muchas otras montañas se formaron de esta manera y este fenómeno es por lo tanto insuficiente para explicar la génesis de la cordillera de los Andes, según Simon Lamb y Paul Davis, investigadores de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña).
Fenómenos climáticos pudieron desempeñar un papel adicional, según estos investigadores, que consideran posible que, 50 millones de años antes, la costa oeste de Sudamérica fuera bañada por aguas sumamente frías.
Esto significa una menor evaporación y por lo tanto menos lluvias, menos tierra y arcilla fundidas en la meseta de la placa submarina. Sin la lubrificación aportada por los sedimentos, las placas habrían chocado mucho más violentamente, lo que habría reforzado el proceso de levantamiento de la barrera de los Andes, sugieren los autores del estudio publicado en Nature.
Los científicos británicos recuerdan que la relación causa-efecto entre la aparición de un macizo montañoso y el clima se consideraba hasta ahora en sentido inverso, con elevaciones significativas del relieve que podían provocar cambios climáticos.