Lunes 13 de octubre del 2003 Migración

Racismo, una realidad contra los ecuatorianos que viven en España

Betty Beltrán para El Universo | ALICANTE, ESPAÑA

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ALICANTE, ESPAÑA.– Jenny Salazar con cuatro de sus hijos, a quienes llevó a España, son parte de los inmigrantes expuestos a los problemas de racismo en esa región.

Hostilidad o tolerancia. Entre estas dos aguas transcurre la vida de algunas ciudades de España; sin embargo, las actitudes racistas son más reiterativas en barrios con mayor presencia de inmigrantes.

Viernes, 19h00, La Florida, uno de los barrios de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), se congestionó con la presencia de unas 400 personas, que se manifestaron en contra de los recién llegados.

Las consignas: expulsión de los “sin papeles” y cierre de las fronteras. Y el grito más coreado: “más policías y menos ladrones”.

Ese brote de racismo tuvo antecedentes. Días atrás aparecieron, en los buzones de los edificios del barrio, octavillas con el lema “Alto a la invasión”, además de responsabilizar a los extranjeros de la creciente inseguridad que sufre la zona y la falta de trabajo. El hecho puso en alerta a la asociación de vecinos y al Ayuntamiento que temen la división de las 39.792 personas censadas en la barriada. De ese total se sabe que cerca de 10.000 son foráneos.

“Este incidente no es aislado y podría reproducirse en otros lugares donde se está gestando un rechazo en contra del excesivo número de inmigrantes en los barrios de la periferia o cascos viejos de las ciudades”, dice la española Fina Cuevas. Ella vive en el sector Virgen del Remedio, en Alicante, zona en la que hace dos años se reporta una avalancha de inmigrantes.

La guayaquileña Marcia Osorio lo confirma. En 1999 llegó a Virgen del Remedio y los extranjeros no llegaban a más de 50 personas.

En su edificio, por ejemplo, los vecinos eran españoles; pero hoy de los 24 departamentos, solo en diez continúan ibéricos, en el resto están marroquíes, nigerianos, polacos, colombianos, argentinos y ecuatorianos.

Los autóctonos han optado por vender sus propiedades y pocos los alquilaron. Esa presencia mayoritaria de foráneos es contemplada con recelo por los vecinos. “La gente que vive hace 30 años está inquieta, inconforme y fastidiada con la administración que no pone control.

Por las noches se arman jaleos, las cuatro esquinas de la Plaza Argel se reparten por nacionalidades: ecuatorianos, nigerianos, marroquíes y españoles (más gitanos). Y eso es una bomba de tiempo porque todos tienen sus botellas de cerveza”, cuenta Cuevas.

El presidente de la Junta del Distrito Cuatro del Ayuntamiento de Alicante, Ulpino Colás, lo confirma: “El malestar de los castellanos viene de lejos, al principio la llegada de extranjeros la mirábamos con alegría porque el barrio se repoblaba, pero todo cambió. No se puede aceptar que en un piso habiten más de 20 personas o que en plena madrugada se armen bailes o peleas que impiden el descanso”, dice.

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