El sitio donde asesinaron a García Lorca fue declarado por el gobierno andaluz bien de interés cultural.
El 19 de agosto de 1936, un mes después de comenzada la Guerra Civil española, cuatro hombres eran fusilados por los fascistas y arrojados a una fosa común en el Barranco de Víznar, en el sur del país. Los verdugos se ensañaron especialmente con una de sus víctimas, a la que escupieron y gritaron: “rojo maricón”.
Era Federico García Lorca, el más grande de los poetas españoles, autor de obras como el Romancero gitano, de cuya publicación se acaba de cumplir el aniversario 75.
Apenas tenía 38 años. Su presunto delito, según los asesinos, era ser republicano, poeta del pueblo y homosexual. “Ha hecho más daño con su pluma que con una pistola”, decían los militares que apoyaban al que se convertiría durante casi cuatro décadas en el dictador del país, el general Francisco Franco.
Hoy, 67 años después de aquel crimen, la discusión sobre una posible exhumación de los restos de Lorca está causando polémica en España: los familiares del maestro y de los dos banderilleros anarquistas asesinados junto con el poeta reclaman que la fosa sea abierta, para cerrar una historia trágica, recuperar los restos de sus seres queridos y ofrecerles un entierro digno.
Los herederos de Lorca se oponen. Por una parte, temen que, una vez desenterrados los restos, el solar pueda ser utilizado para construir viviendas. “Sería faltar el respeto a un lugar sagrado”, dice Laura García Lorca, familiar del dramaturgo.
Su miedo también es otro: “La historia se compone de lugares que no deben desvirtuarse, que deben permanecer desnudos de todo ornamento encubridor. Desvirtuar el lugar de la memoria pública exhumando los cadáveres puede llevar a que por ahí se abra una puerta al olvido definitivo”, señalaron en una carta seis sobrinos del autor de La casa de Bernarda Alba.
Otros no piensan igual. “¿Dónde lo mataron exactamente? ¿Lo torturaron? Un dato sobre su muerte es mejor que cien libros”, sostiene el renombrado hispanista Ian Gibson, biógrafo del poeta. En sus palabras, la exhumación serviría además para sacar a Lorca “de ese indigno lugar y recuperar la memoria de su asesinato”.
“Lorca pertenece a la humanidad, no a su familia. Es un emblema, dio su vida por España, es un mártir”, afirma Gibson. Así también lo ve el escritor español Manuel Vicent, quien lamenta que el gobierno haya dejado que el poeta siga sepultado en una fosa “como un perro”.
“Es imprescindible enterrar a García Lorca con toda la gloria para que nuestro país se recupere de la degradación que supuso su muerte”, sentencia. El Poeta del Pueblo, uno de los grandes exponentes de la Generación del 27 junto con sus amigos Salvador Dalí o Luis Buñuel, fue fusilado en una zona llamada Fuente Grande, en el término municipal de Alfacar, cerca de Granada.
“Dale café, mucho café”, fue la orden en clave con la que el general Gonzalo Queipo de Llano mandó a matarlo.
El alcalde de Alfacar, el socialista Juan Caballero, apoya la exhumación, que en nombre de las otras tres víctimas fue solicitada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que hace unos años lucha por la apertura de las fosas comunes de la Guerra Civil, en las que se presumen más de 30.000 muertos
Y la Consejería de Justicia de la comunidad de Andalucía acaba de autorizar la exhumación. En su opinión, la existencia de una fosa común puede significar un crimen de lesa humanidad y las desapariciones sistemáticas son delitos contra los que no cabe la prescripción ni la amnistía.
Para eliminar la preocupación de los familiares de García Lorca en el sentido de que tras una exhumación podría ser levantada allí una urbanización, el gobierno andaluz decidió declarar el paraje y todos los sitios lorquianos Bienes de Interés Cultural, con lo que ese riesgo ha desaparecido. Falta ahora, por tanto, que los herederos del poeta se vuelvan a pronunciar.
‘ROMANCERO GITANO’
* Con la publicación del Romancero gitano, un poemario de 18 romances de cuya publicación se cumplen ahora 75 años, García Lorca se hizo famoso también fuera de España casi de la noche a la mañana.
* La otra cara de la moneda fue, sin embargo, que la obra no gustó precisamente a su gran amigo, Salvador Dalí, con el que compartió estancia en la famosa Residencia de Estudiantes de Madrid.
* El pintor surrealista, al parecer a instancias de otro compañero común de la Generación del 27, el cineasta Luis Buñuel, escribió a Lorca una dura carta, en la que decía que sus versos estaban “ligados a la poesía vieja” y recibían el aplauso de “puercos putrefactos”.