El rendimiento de maíz a nivel nacional fue de 1,59 toneladas por hectárea en el pasado invierno.
La temperatura en el pequeño recinto ubicado a pocos kilómetros de El Empalme (Guayas) fue propicia para que el lunes anterior, Materno Tarira, de 54 años, recogiera junto a sus hijos las últimas mazorcas de las plantaciones de maíz duro que sembró en esta temporada veraniega.
Con sus más de 15 hectáreas sembradas de la gramínea, Tarira, quien logró un crédito de $ 2.400 del Banco Nacional de Fomento (BNF), es uno de los agricultores que mayor cosecha tuvo en San José.
Su conclusión del negocio, en el que hace la relación inversión-cosecha, no resultó buena para él: “Más es lo que uno invierte en tiempo y dinero y no se gana mucho. El interés del banco se lleva la mayor parte”.
La superficie maicera y la cadena productiva de Tarira reúne condiciones similares a la de otros agricultores de la zona: los trabajos se cumplen entre familias, el terreno no está semitecnificado y la producción se vende a un comerciante intermediario.
Este agricultor admitió que desearía sembrar más, pero en mejores condiciones.
A una hora de este lugar, en el sector de San Felipe, cerca de Mocache (Los Ríos), Samuel Vera, un pequeño agricultor de maíz, concluyó con un planteamiento similar. “Hay gente que quisiera sembrar lo suficiente, pero no hay dinero y los créditos están altos (valor del interés)”, dijo.
Los problemas de la reducida productividad, por debajo de la media internacional, más la falta de financiamiento, son algunas de las situaciones que marcan al sector maicero.
Esto se divisa en un indicador: un déficit promedio de más de 300 mil toneladas anuales que no cubre la demanda local proyectada para un estimado de 500 mil Tm anuales.
Fenamaíz, una de las organizaciones de este sector, calcula que la cosecha en lo que va de este año alcanzó solo las 130 mil toneladas.
“Uno de los mayores problemas es que la superficie de siembra ha bajado en 60% ante la falta de crédito”, dijo César Herrera, gerente de Fenamaíz.
Las condiciones del sector se han mantenido así en los últimos años. Ecuador importó de Estados Unidos y Argentina para cubrir la demanda, cuyo mayor porcentaje se destina para la fabricación de balanceados, según informes.
Uno de los recientes datos del Servicio de Información y Censo Agropecuario (SICA) indica que Ecuador importó hasta abril anterior cerca de 187.323 toneladas. Mientras que hasta julio, el país exportó a Colombia solo 53.468,96 toneladas. Ecuador, según los productores, podría mejorar su participación exportable con mejores créditos.
CIFRAS
78.019 Hectáreas
Es el porcentaje de sembrío de maíz amarillo que se concentra en Los Ríos y que corresponde al 32% de la superficie.
El 22%, cubre Manabí; Guayas, el 21%. En la Sierra, el 8% de la superficie de maíz está ubicada en Loja.
40.000 Toneladas
Es el promedio mensual que se destina para la producción de balanceados que utiliza la industria avícola. Esto implica que cerca de 480 mil toneladas de maíz amarillo duro se utilizan anualmente para la fabricación de insumos avícolas.
300 dólares
Es el promedio de gasto que tiene un pequeño agricultor para iniciar la siembra de maíz amarillo. El precio puede variar si el agricultor alquila la superficie, intereses por préstamos a terceros e imprevistos durante el proceso de cosecha.
187.323 toneladas
Es la cantidad de maíz que hasta abril anterior se importó para cubrir la demanda interna. Estados Unidos y Argentina son los países que vendieron la gramínea a Ecuador.
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