En la parroquia Patricia Pilar, la comercialización de ganado ya no es un buen negocio. Los precios han decrecido hasta llegar a un punto en que no se justifica la inversión de los ganaderos.
“Gastamos 100 dólares anuales para mantener una res y ese valor no se compensa con los precios que rigen actualmente. Esto nos está perjudicando muchísimo”, aseguró Milton Mejía, ganadero de la parroquia.
La agricultura, otra de las fuentes de sustento de este sector, también ha tenido un rendimiento irregular.
La mayoría de los habitantes trabaja con sembríos de maracuyá, pero las pocas ganancias los han obligado a cambiar de frutos.