Los personajes de Coetzee viven dolorosas experiencias en la búsqueda de un lugar en el mundo.
El novelista sudafricano John. M. Coetzee, galardonado el pasado jueves 2 de octubre con el Premio Nobel de Literatura, nunca fue una figura pública en Sudáfrica a pesar de ser considerado una de las voces literarias más poderosas del país.
Coetzee nació en Ciudad del Cabo el 9 de febrero de 1940. Estudió en la Universidad de Ciudad del Cabo y en la de Texas.
Desde el 2001, Coetzee trabaja en la Universidad de Chicago. Imparte la cátedra de Pensamiento Social, que se concentra en cursos sobre el filósofo Platón y otro sobre el autor estadounidense Walt Whitman.
Durante más de tres décadas, no mostró ningún interés en defenderse de calificativos como “solitario”, “frío” y “antisocial” y sedujo al público de su patria y el resto del mundo solo en términos literarios.
Fue desde Australia, adonde se trasladó hace cerca de dos años, desde donde finalmente se refirió a su actitud, pero otra vez en sus términos en su nuevo libro, Elizabeth Costello, mientras continúa evitando la atención de los medios.
El personaje principal del libro es una ficticia escritora australiana y a través de ella, Coetzee disecciona el concepto del escritor como figura pública, dice el profesor David Attwell de la Universidad de Witwatesrand en Johannesburgo.
Pocos se atreven a negar el aporte literario de uno de los más importantes novelistas del país, que ganó todos los galardones posibles a nivel local y que además es el único escritor que recibió dos veces el prestigioso premio Booker, el más importante de las letras inglesas.
Esta semana, en vísperas del anuncio de la Academia de los Nobel, un editor manifestó que estaba preparando un artículo para una publicación literaria en el que ataca la obra de Coetzee.
En este texto, que aparecerá en la próxima edición de la publicación literaria Scrutiny2, se dice que la escritura del sudafricano “no tiene vida”, es “tosca” y “estéril” y está “salpicada de misoginia”, según citó un diario de Sudáfrica.
Por el contrario, compañeros y amigos del ex profesor de la Universidad de Ciudad del Cabo, rechazaron la crítica como superficial y la relacionan con la decisión de Coetzee de vivir y escribir en otro país.
Muchos sudafricanos consideraron su partida como una “traición”, explicó el profesor Stephen Gray al diario Beeld esta semana. “Coetzee es una figura internacional. Criticar que viva en Adelaida sería como decir que James Joyce nunca debió abandonar Irlanda o que Salman Rushdie debería permanecer en Pakistán”, dijo Attwell.
Añadió, Coetzee dejó un precioso legado literario a Sudáfrica. “Fue más responsable que cualquier otro escritor por introducir la tradición del modernismo y el posmodernismo en la novela sudafricana. Hay toda una generación de jóvenes escritores siguiendo su ejemplo”, refirió.
Coetzee rechaza manipular a sus lectores. Su estilo es frío, casi distante, pero su prosa es pulida y conmovedora. Sus textos, en los que utiliza las palabras con eficiencia y economía, son políticos y poéticos a la vez.
Sus novelas se centran en general en la vergüenza, la culpa y el destino. De una forma generalmente realista, Coetzee ilumina las relaciones sociales en su patria a veces de forma parabólica y alegórica.
Sus personajes suelen ser marginados, que se encuentran solitarios y aislados entre dos frentes y que viven dolorosas experiencias en su búsqueda de un lugar en el mundo.
La convivencia en Sudáfrica durante y después del apartheid, con sus conflictos sociales y lesiones psicológicas, es una especie de hilo conductor en las obras de este autor, considerado difícil e incluso enigmático.
SUS OBRAS
Elizabeth Costello, 2003
Juventud, 2002
Desgracia, 1999
La vida de los animales, 1999
El maestro de Petersburgo, 1994
La edad de hierro, 1990
Foe, 1986
Vida y época de Michael K, 1983
Esperando a los bárbaros, 1980
En el corazón del país, 1977