Domingo 28 de septiembre del 2003 Letras y Notas

Las tres casas de Neruda: para el amor, la bohemia y los amigos

AFP | ISLA NEGRA, CHILE

El martes pasado se cumplieron 30 años del fallecimiento del poeta  Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura de 1971.

Una para los amores clandestinos, otra  para recibir a los amigos y una última para disfrutar la bohemia de la vida de  un puerto: las tres casas en las que habitó el poeta y Premio Nobel chileno Pablo Neruda, de cuya muerte se cumplieron 30 años este martes, estaban  dedicadas a sus distintas pasiones.
 
Neruda fue homenajeado el martes pasado de manera simultánea en estas tres  residencias, al cumplirse el 30º aniversario de su muerte acaecida el 23 de septiembre  de 1973, que se produjo por un cáncer cuando él  tenía 69 años.
 
Las tres residencias –la de Isla Negra en la costa central de Chile, La  Chascona en Santiago y La Sebastiana en el puerto de Valparaíso– son ahora  museos que mantienen viva la obra del poeta, ganador del Premio Nobel de  Literatura en 1971.
 
Construida intermitentemente entre 1940 y 1973, la casa de Isla Negra  conserva los restos del poeta y su última esposa, la soprano Matilde Urrutia,  con quien inició un romance clandestino,  aún casado con la pintora  argentina Delia del Carril.
 
“Esta casa nace, crece y envejece conmigo”, habría dicho el poeta a sus  cercanos respecto a su residencia de Isla Negra. 
 
Con la vista fija hacia las olas del océano Pacífico, la casa se convirtió  en el lugar favorito del poeta para recibir a sus amigos y vivir su amor a  plenitud con Matilde Urrutia, “con quien se casó aquí en 1966”, según recuerda la  guía del museo, Angelina Rivano.
 
Su decena de habitaciones alberga además las múltiples colecciones de  objetos, como insectos, mascarones de proa, botellas, caracolas y “calientapiés”, que el poeta reunió en sus viajes por el mundo.

La casa de Isla Negra recibe a diario a cerca de mil visitantes, que  llegan hasta el lugar buscando la inspiración romántica del autor de  Residencia en la Tierra  y Odas  Elementales, entre otras obras.
 
En la ciudad de Valparaíso, cuyo casco histórico fue recién declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se alza La Sebastiana,  enclavada en uno de los cerca de 40 cerros que se encumbran mirando hacia  la bahía.

Con cinco pisos, la casa fue adquirida por Neruda en sociedad con su  entrañable amigo, el médico Francisco Velasco, en 1952. 

Del mismo modo que el refugio de Isla Negra, La Sebastiana está cargada de  objetos recolectados por el poeta y lleva su nombre en honor a Sebastián  Collados, el arquitecto que la diseñó.

Este lugar, según cuentan, fue elegido por el poeta para disfrutar  de la vida bohemia que ofrece el puerto, destino obligado de los  navegantes que cruzan el océano Pacífico.

En Santiago, Neruda adquirió una residencia junto al cerro San Cristóbal a  la que llamó La Chascona, en honor a la pelirroja y frondosa cabellera de  Urrutia. En esta casa el poeta vivió su romance clandestino con Matilde, con  quien sigue unido en el jardín de Isla Negra y frente al mar.

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