El martes pasado se cumplieron 30 años del fallecimiento del poeta Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura de 1971.
Una para los amores clandestinos, otra para recibir a los amigos y una última para disfrutar la bohemia de la vida de un puerto: las tres casas en las que habitó el poeta y Premio Nobel chileno Pablo Neruda, de cuya muerte se cumplieron 30 años este martes, estaban dedicadas a sus distintas pasiones.
Neruda fue homenajeado el martes pasado de manera simultánea en estas tres residencias, al cumplirse el 30º aniversario de su muerte acaecida el 23 de septiembre de 1973, que se produjo por un cáncer cuando él tenía 69 años.
Las tres residencias –la de Isla Negra en la costa central de Chile, La Chascona en Santiago y La Sebastiana en el puerto de Valparaíso– son ahora museos que mantienen viva la obra del poeta, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1971.
Construida intermitentemente entre 1940 y 1973, la casa de Isla Negra conserva los restos del poeta y su última esposa, la soprano Matilde Urrutia, con quien inició un romance clandestino, aún casado con la pintora argentina Delia del Carril.
“Esta casa nace, crece y envejece conmigo”, habría dicho el poeta a sus cercanos respecto a su residencia de Isla Negra.
Con la vista fija hacia las olas del océano Pacífico, la casa se convirtió en el lugar favorito del poeta para recibir a sus amigos y vivir su amor a plenitud con Matilde Urrutia, “con quien se casó aquí en 1966”, según recuerda la guía del museo, Angelina Rivano.
Su decena de habitaciones alberga además las múltiples colecciones de objetos, como insectos, mascarones de proa, botellas, caracolas y “calientapiés”, que el poeta reunió en sus viajes por el mundo.
La casa de Isla Negra recibe a diario a cerca de mil visitantes, que llegan hasta el lugar buscando la inspiración romántica del autor de Residencia en la Tierra y Odas Elementales, entre otras obras.
En la ciudad de Valparaíso, cuyo casco histórico fue recién declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se alza La Sebastiana, enclavada en uno de los cerca de 40 cerros que se encumbran mirando hacia la bahía.
Con cinco pisos, la casa fue adquirida por Neruda en sociedad con su entrañable amigo, el médico Francisco Velasco, en 1952.
Del mismo modo que el refugio de Isla Negra, La Sebastiana está cargada de objetos recolectados por el poeta y lleva su nombre en honor a Sebastián Collados, el arquitecto que la diseñó.
Este lugar, según cuentan, fue elegido por el poeta para disfrutar de la vida bohemia que ofrece el puerto, destino obligado de los navegantes que cruzan el océano Pacífico.
En Santiago, Neruda adquirió una residencia junto al cerro San Cristóbal a la que llamó La Chascona, en honor a la pelirroja y frondosa cabellera de Urrutia. En esta casa el poeta vivió su romance clandestino con Matilde, con quien sigue unido en el jardín de Isla Negra y frente al mar.