Domingo 31 de agosto del 2003 Lo Máximo

La odisea del mantenido

Para El Universo | Moisés Pinchevsky

Un joven desempleado puede convertirse en un artista de la supervivencia, que con astucia, argucia y algo de malicia sabe conseguir los dólares que necesita.

Cine, fiestas o viajes son gastos que los padres no siempre quieren asumir.

Diego es un joven de 20 años que dice nunca comprar CD piratas, porque asegura que pueden dañar el equipo de sonido ultramoderno que, con tanto sacrificio, sus padres le regalaron. Además porque la piratería le parece un robo nefasto a la propiedad intelectual, que ya ha comenzado a quitarle el pan a cantidad de artistas y disqueras que invierten millonadas en realizar sus grabaciones.

Eso es inaceptable para Diego, cuya piel se le eriza de solo imaginarse a Alejandro Sanz chiro y con el corazón partío por tener que mendigar en la calle, o a Juanes cantando a capela “A Dios le pido (una guitarra)” porque no puede comprársela. Esto porque las copias ilegales reducen las ventas de sus discos.

Pero eso no sucederá si este estudiante de administración puede evitarlo. Por eso la semana pasada le pidió a su papá 15 dólares para adquirir un CD 100% original de uno de sus artistas favoritos, y este se los dio sin saber que (¡atención, padres del Ecuador!) el discurso antipirata de su hijo es una mentira armada para conseguir dinero extra.

En este caso para comprarle un peluche a su enamorada por cumplir seis meses de relación, tickets para el cine en la oferta de 2x1 y un par de hamburguesas a la salida del espectáculo. Claro, además de un CD ilegal (1 dólar) para hacerlo pasar por original frente a su padre.

Mantenidos y creativos
El joven desempleado cuenta con su familia para cubrirle sus necesidades básicas, como alimentación, estudio y ropa, pero cuando se trata de diversión la cosa no es tan sencilla. Cine, fiestas, viajes a la playa, festines de comida rápida y vacilones, son gastos que los padres no siempre están dispuestos a cubrir, porque no comprenden que las necesidades relacionadas al entretenimiento aumentan cuando se deja la niñez.

“Gasto más plata desde que salgo con peladas”, afirma Diego, que piensa que el sobreprecio es una estrategia eficaz para conseguir dinero extra. Pero no es la única. Javier es un aplicado estudiante universitario que abrió en su facultad un “negocio” de tipo intelectual.

Los clientes le llegan cada vez que un profesor manda un trabajo en grupo, porque se reúne con sus compañeros que laboran o con los vagos del curso. Los términos del contrato verbal son muy simples: él les hace todo el trabajo y los incluye en la lista de integrantes a cambio de una tarifa que fluctúa entre 3 y 10 dólares, según la extensión del deber y la liquidez del pato que paga. Así el cliente pasa la materia a vaca, mientras Javier se libra de la chirez que suele atacar a los mantenidos.

Marcelo (de 23 años) es un estudiante de turismo que también se las ingenia para conseguir billetes en situaciones de emergencia. Su familia siempre le ha costeado los viajes que realiza por su carrera, pero hace dos meses no lo apoyaron para irse a Esmeraldas con sus amigos. Por eso tuvo que vender una guitarra que recibió en su cumpleaños hace tres años, y que una vez tocó en una buseta para pedir plata en una noche que se tomaba unos tragos con amigos.
Vendió el instrumento porque le disgusta pedirles dinero a sus padres, por eso espera trabajar muy pronto para comprarse todo lo que necesita, incluido una guitarra nueva. Por su parte, Diego confía que en menos de un año ya estará laborando para manejar su propio dinero y no recurrir a sus revuelos piratas, porque “no son honestos”, según dice.

“Yo quiero trabajar para dejar de ser un mantenido, pero hay muchos (jóvenes) que se sienten contentos con lo que reciben en su casa y no tienen más aspiraciones, ellos serán dependientes toda la vida”, dice.

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