V italidad, energía y ritmo es el toque que impone en cada una de sus clases Flavio Segovia Garzón, de 62 años, quien en las décadas de 1950 y 1960 ganó concursos de fisicoculturismo.
Empresarios, cantantes, políticos, personajes de la radio y televisión, embajadores y agregados culturales han recibido sus clases de gimnasia, a las que añade humor y gracia en cada ejercicio.
En su juventud se dedicó únicamente a realizar ejercicios para entrenar su cuerpo y aumentar su musculatura, un esfuerzo que vio recompensado a sus 17 años cuando ganó el concurso Supermister Músculos, de su antiguo club Gladiadores.
Fue alumno del guayaquileño Emilio Kury, ex campeón panamericano de fisicoculturismo, quien lo guió en el levantamiento de pesas.
En esa disciplina compitió en los Juegos Nacionales de 1965 y culminó su pasión por el levantamiento de pesas diez años después al obtener el segundo lugar de la categoría junior en la elección del Mister Costa Ecuatoriana, efectuada en el cantón La Libertad.
Desde entonces se dedicó a adquirir más conocimientos sobre cultura física, incluso consiguió el título de gimnasia dirigida en el Modern School de Miami, Estados Unidos.
Don Flavio, como lo conocen, se ha convertido desde hace 31 años en el más conocido instructor del gimnasio Nautilus. Dice que él simboliza la filosofía de que “los años pueden pasar pero el espíritu nunca muere”.
La mitad de sus 62 años la ha dedicado a ser instructor. Ahora distribuye su tiempo entre las clases que ofrece en el gimnasio y entrenamientos particulares. Solo entrena a adultos en gimnasia dirigida para el mantenimiento de la salud.
Segovia preparó a varios fisicoculturistas, pero lamenta que abandonaran la carrera porque, asegura, para esta actividad “se debe tener vocación. En los entrenamientos pongo todo mi empeño, pero depende de la persona si desea luchar para conseguir un buen estado físico”.
Siempre aconseja a sus alumnos que para conseguirlo “deben dejar a un lado todos los desajustes de la sociedad como las drogas, los vicios como el alcohol y cigarrillo, para así llevar una vida corriente como todo ser humano, sin nada de comida chatarra y llevar una dieta adecuada”.
El que deja de ser un atleta competidor debe transmitir sus conocimientos, reflexiona. Su preparación corre por su cuenta, dedica su tiempo libre a la lectura aunque, dice, en los libros no encuentra lo que él enseña. “Yo no puedo cambiar un ejercicio que pueda ser contraproducente para el ser humano”, sostiene.
Tiene dos hijos, uno es ingeniero agrónomo y el otro médico veterinario, pero solo hacen ejercicios para mantenerse en forma.
Flavio Segovia se siente motivado por lo que hace por lo que la gente logra. Él dice: “la cultura física es para sentirse mejor, hay que salir mejor de lo que se entra al gimnasio”.
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