Domingo 17 de agosto del 2003 Sucesos

La pareja no lucha, la migración también afecta

Las parejas no luchan por mantener el matrimonio. Si el marido resulta mujeriego o bebedor, las mujeres no lo soportan y se separan. Igual el hombre, si su mujer se va de casa no le permite que regrese. En ambos casos terminan divorciándose, dice Tanny Barriga de Aguirre, máster en terapia familiar.

Antes se decía que el matrimonio era hasta la muerte, y las mujeres, sobre todo, así lo concebían y luchaban por sus hijos. En la era moderna la mujer no tiene esa resistencia, sostiene la orientadora.

Cuando son novios, hombre y mujer actúan diferente. Por congraciarse hasta aparentan ser ideales, “pero en el matrimonio y con el día a día empiezan a demostrar quiénes son, sacan las uñas o son infieles, y nadie quiere soportarlos. “Por eso se separan”, sostiene Tanny de Aguirre.

La emigración también ha debilitado a las familias. Las mujeres se van a Europa y dejan a sus hijos con el cónyuge, y por mucho tiempo se dedican a trabajar. La distancia y las tentaciones las hacen flaquear y terminan uniéndose a otro. Igual ocurre con los maridos que se van, agrega la terapista.

En esta parte, coincide el juez 11º de lo Civil, Carlos Coello Vera, quien considera que el incremento de los divorcios se debe a la cuestión económica y a esa necesidad de salir del país, para buscar mejores días.

“Divorcios es lo que más se resuelve últimamente. Realmente que deben crearse los juzgados de familia, para que nos quiten esa carga”, señaló.

A la par van los divorcios contenciosos y de mutuo consentimiento, indicaron el juez 5º de lo Civil, Gastón Thoret, y su colega Carlos Coello.
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