El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, elogió el jueves por la noche los siete primeros meses de su gobierno y pidió paciencia para cumplir sus promesas de campaña.
En palabras pronunciadas desde su oficina presidencial y transmitidas por televisión, Lula alabó los esfuerzos de su gobierno para reformar el endeudado sistema de pensiones del país, lo que calificó de "una clara señal" de que Brasil "ya no le huye a sus problemas más inmediatos".
El miércoles, la cámara baja del Congreso aprobó en una primera ronda de votación el proyecto de reforma de pensiones del gobierno, que trata de ahorrar unos 18.000 millones de dólares en 20 años. El documento aún debe superar una votación final en la cámara antes de ser enviado al Senado.
"Nunca un gobierno logró que la cámara baja aprobara, en sólo tres meses y medio, una reforma tan importante para el futuro del país", dijo Lula, un ex dirigente sindical de izquierda que había perdido tres elecciones presidenciales antes de conquistar la más reciente en octubre en una victoria abrumadora.
El antecesor de Lula, Fernando Henrique Cardoso, no logró la aprobación de la reforma de seguridad social en sus ocho años en el cargo, en gran parte debido a la oposición del Partido de los Trabajadores de Lula.
Sin embargo, como presidente, Lula ha volcado su credibilidad en restaurar la salud económica de Brasil para perseguir los programas sociales prometidos en su campaña el año pasado. Para hacerlo, Lula desea reformar los costosos sistemas de pensiones e impuestos del país, que son una dura carga para las finanzas públicas.
El generoso sistema de pensiones de Brasil costó por si solo al gobierno el 5 por ciento del producto interno bruto el año pasado.
El plan de reformas del gobierno, sin embargo, ha enfrentado a Lula con algunos de sus partidarios tradicionales, como los empleados públicos y académicos, que temen perder sus jugosos beneficios de pensiones.
Lula trató el jueves de aplacar esos temores en su mensaje a la nación. "Estoy confiado en que una vez que pase el calor del momento, todos reconocerán la importancia de esta reforma para el futuro del país", dijo.
En sus primeros comentarios públicos sobre las tensiones en aumento en el interior del país entre terratenientes y campesinos sin tierra, Lula dijo que su gobierno apoya una reforma agraria, pero no vacilará para hacer cumplir las leyes de propiedad.
En un claro mensaje al Movimiento de los Sin Tierra, un grupo radical de campesinos que ha intensificado sus ocupaciones de tierras en los últimos meses, Lula dijo: "No permitiré una confrontación ni aprobaré ningún tipo de ilegalidades".
Con la economía al borde de una recesión y el desempleo casi en máximos de dos años, Lula también trató de asegurar a la nación que siete meses de austeras políticas monetarias y fiscales están a punto de comenzar a rendir sus frutos.
"Lo peor ha pasado, amigos míos, se los puedo garantizar", dijo. "Descansen tranquilos, las nuevas noticias están comenzando a llegar".