Tres equipos de investigadores lograron descifrar los mecanismos de funcionamiento de dos bacterias marinas, fundamentales a escala planetaria porque son responsables de una tercera parte de la producción de materia órganica.
El carbono es la base de la vida en la Tierra. Es esencial comprender los mecanismos que causan sus transformaciones. La fotosíntesis es la reacción que permite a los vegetales transformar el dióxido de carbono y las sales minerales en materias órganicas gracias a la luz.
"La Tierra es el planeta azul y los océanos cubren casi el 75% de su superficie. La vida en la Tierra depende tanto de la fotosíntesis que tiene lugar en los océanos" como de la fotosíntesis terrestre, comenta Donald Bryant en el informe de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) estadounidense.
La flora marina participa en un 50% en ese fenómeno. Y en esa flora se distinguen dos tipos de bacterias que asumen dos terceras partes de la actividad fotosintética.
Esos organismos unicelulares son objeto de tres artículos publicados el miércoles en las páginas de internet de la PNAS (www.pnas.org) y de la revista británica Nature (www.nature.com).
El primero de ellos, Prochlococcus, interesó al equipo de Alexis Dufresnes del Centro de Estudios de Oceanografía y Biología Marina (CEOBM) de Roscoff (noroeste de Francia), y al equipo de Gabrielle Rocap de la universidad de Washington en Seattle.
El análisis de los resultados de su secuenciación permitió determinar las estrategias de supervivencia utilizadas por las bacterias: genes copiados, otros simplemente olvidados y algunos reducidos a su mínima expresión. "Los genomas son muy compactos, dando lugar al pequeño tamaño de los Prochlococcus que pueden colonizar entonces zonas muy pobres (en luz o en sales minerales) de los océanos", explica Frédéric Partensky del CEOBM.
Brian Palenik y sus colegas se ocuparon del Synechococcus. Descubrieron que esta bacteria tenía un sistema de movilidad totalmente inédito, ya que se desplaza reptando gracias a la mayor poteína bacteriana descubierta jamás (10.900 aminoácidos). También es capaz de paliar la escasa cantidad de hierro disponible en su entorno gracias al empleo de níquel y cobalto y puede utilizar materias orgánicas como fuente de sales minerales.
Ambos tipos de bateria tiene un punto en común: las dos han reducido la importancia de sus sensaciones. En un medio químicamente estable como el océano (sobre todo respecto al agua dulce) no es tan vital poder determinar si las condiciones exteriores varían. Por eso, los genes destinados normalmente a la percepción del entorno han desaparecido en ellas o se han reducido a su mínima expresión.