- AGO. 03, 2003 - Foto - Migración - EL UNIVERSO
Margarita Pisco consuela a sus sobrinos Paola y Paúl Pisco Galarza, tras despedir a Pedro Pisco, padre de los niños.
Por la diferencia de horario el vuelo 6634, del viernes pasado, de la aerolínea Iberia, con destino a España se convirtió en el último para centenares de ecuatorianos que con dificultad lograron embarcarse y tener la oportunidad de ingresar a ese país, antes de la vigencia del visado.
Escenas de dolor y lágrimas por la separación de los seres queridos se vivieron en la sala de espera del aeropuerto Simón Bolívar.
“¡No papito, no te vayas, no nos dejes tú también!”, fueron los gritos estremecedores de los pequeños Paúl y Paola, mientras observaban la silueta de su padre, Pedro Pisco, que desaparecía en el área de prechequeo.
Impotentes ante la realidad y sin comprender las razones del alejamiento de aquel ser que tanto aman, se sobrecogieron entre los brazos de su tía Margarita.
Pisco, aprovechó la última oportunidad de ingresar en ese país sin necesidad de visa, en donde se encontrará con su esposa, Edith Galarza, quien vive en Valencia desde hace tres meses. “Él hará todo lo posible para después llevarse a los niños” dijo la abuela, Teresa Oleas.
El viaje del padre también cambió el rumbo de los niños, quienes deberán trasladarse de su natal Guayaquil a Quito, en donde estarán al cuidado de la abuela.
Pedro Pisco trabajaba como chofer de un bus en la cooperativa Guangala. “Lo que ganaba no le alcanzaba ni para la comida”, dijo la abuela, mientras consolaba a los niños.
Alegría por viaje
En medio del ambiente tenso antes del viaje, con aire de desconcierto, Lissette y Miguel Pacheco Morales demostraban nerviosismo y alegría a la vez, pues lograron conseguir cupo aéreo para viajar a España y cumplir el ansiado sueño de encontrarse con sus padres.
“Parecía difícil por la falta de cupos en los aviones, ahora estamos felices porque sí lograremos pasar y al fin vamos a ver a nuestros padres”, dijo Lissette, mientras abrazaba un gigante oso de peluche blanco que le envió su madre desde España.
Miguel Pacheco y Lissette Morales, padres de los niños, residen desde hace cuatro años en Valencia.