Aunque este escritor sabe que a los gobernantes “la poesía les importa tres pepinos”, cree que esta "sí puede influir en los seres humanos”.
Mario Benedetti considera que a él, por ser ateo, los dioses nunca le regalaron un verso, pero, a punto de cumplir 83 años, el escritor uruguayo no puede quejarse de falta de inspiración.
Tiene dos nuevos libros en las librerías, Inventario tres –una recopilación de su poesía publicada entre 1995 y 2001– y su último poemario, Insomnios y duermevelas. Además, publicará en septiembre próximo un libro de relatos, El porvenir de mi pasado, al tiempo que alista un nuevo poemario, Existir todavía.
“Cuando se llega a mi edad, hay que aprovechar, porque no queda mucho tiempo para escribir libros”, dice tras asegurar que no se siente más creativo que en otras épocas de su vida: “yo tengo más de 80 libros publicados en cinco o seis géneros, siempre he estado trabajando, por eso tengo casi tantos libros como años”.
El autor de novelas como La tregua o Gracias por el fuego explica que ahora su obra es “más existencial, menos política y social”, y aún así advierte que en su próximo poemario hay una pieza dedicada a George Bush, “que por supuesto no es nada amable”, comenta.
Este poeta, que fue dirigente del Movimiento 26 de Marzo en su país, dejó en los años 70 la política, porque sufría mucho cuando tenía que defender en público cosas del partido con las que no estaba totalmente de acuerdo. Así, decidió que prefería hablar de los problemas políticos y sociales desde el periodismo, incluso desde la literatura, “porque ahí me sentía más libre”, explica.
Pero, además, el autor de obras como El amor, las mujeres y la vida es un gran poeta del amor. “Llevo 57 años casado con Luz, es un caso de amor sostenido”, bromea para presumir de que casi todos sus libros de poemas, el próximo también, están dedicados a ella.
Asegura que el primer verso no se lo regalan los dioses: “como soy ateo, los dioses no me dan nada”, apunta, para añadir que a él “a veces” esa inspiración se la da la realidad y otras ocasiones “una idea que surge”.
Algo que funciona “para los géneros de ficción, porque la poesía es otra cosa, en ella está mucho más metida la vida del poeta”, precisa. Acepta saber que se va acercando su muerte, pero señala que esta no le preocupa tanto como la de la humanidad: “si sigue por este camino de globalización y de guerras, la humanidad va hacia el suicidio”, sostiene.
En medio de su pesimismo –“el aguafiestas”, le llama su biógrafo Mario Paleotti–, se siente ahora optimista porque en Latinoamérica han surgido “dos gobernantes que parece que están bien inspirados y no tienen fama de corruptos”, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el argentino Néstor Kirchner. “Creo que se puede abrir un camino de esperanza para Latinoamérica”, dice.