En 1964 el Municipio de Guayaquil anunció el primer concurso de escultura por la fundación de la ciudad.
Juan Manuel Guano, un tallador de muebles de madera, quiteño, que estudiaba en la escuela de Bellas Artes de Guayaquil en horario nocturno, inscribió su obra 11 de Julio, que representaba el cambio de la política en Ecuador. Y ganó el concurso.
El premio que recibió fue de 5.000 sucres en efectivo. Muy poco, recuerda ahora a los 78 años, desde su casa en Chicago –donde reside desde hace 25 años– durante la entrevista telefónica con EL UNIVERSO.
Ganar ese concurso motivó al artista, que en ese entonces tenía 40 años, a continuar su carrera como artista plástico.
“Me propuse hacer una exposición en la Biblioteca Municipal y lo conseguí al año siguiente, en 1965”, comenta.
Juan Manuel Guano continuó asistiendo a sus clases en la Escuela de Bellas Artes. También en aquella época, cerca de las instalaciones de esa institución, en el parque Forestal, el maestro Oswaldo Guayasamín daba forma a una de sus obras monumentales.
“Me hice amigo de él y lo invité a conocer mis obras y le conté que había ganado el primer premio de este concurso. Él me dijo que eran unos trabajos muy buenos y me motivó a viajar para exponer fuera del país”, recuerda.
En esa época (1973), Oswaldo Guayasamín era presidente de la Casa de la Cultura y recomendó a Juan Manuel Guano con un amigo suyo en México, para que exponga en ese país. “Con el arte puedes recorrer el mundo”, le dijo el maestro.
Reunió para completar el valor de su pasaje y viajó a la capital mexicana para presentar su obra en la Casa de la Paz, una galería destinada a los artistas extranjeros aún sin fama, una especie de prueba para poder pasar luego de otras pruebas a las salas más importantes de la ciudad.
La exposición duró un mes y mientras tanto tomó un curso de grabado en madera en la Universidad de San Carlos. Cuando terminó pensó que debía hacer su carrera fuera del Ecuador, por lo que en vez de regresar siguió hacia Estados Unidos.
Se quedó en Los Ángeles, inicialmente, pero luego se estableció en Chicago, donde vive con su esposa y sus 3 hijos.
“Ahí he seguido haciendo arte. Dejé de ser tallador de muebles, cambié lo decorativo por lo artístico y continué con mi estilo propio”.
En Chicago pasó dificultades económicas hasta que se empleó en una compañía de tallado de muebles.
En 1998 regresó a Guayaquil para realizar exposiciones y donó algunas de sus obras al museo Municipal, donde empezó su trayectoria artística.
Ahora está dedicado a aprender una nueva técnica en aluminio porque, según dice, en ese mercado no se aprecia el arte en madera.