Sábado 19 de julio del 2003 | 19:00 Migración

Inmigrantes de Iberoamérica eligen los parques de Madrid para reencuentro

EFE | MADRID

Miles de inmigrantes iberoamericanos toman los fines de semana los parques de Madrid para, junto a otros compatriotas, poner un paréntesis agradable a una vida que consiste casi exclusivamente en ir de casa al trabajo y del trabajo a casa.
 
Son sobre todo ecuatorianos, colombianos, peruanos y bolivianos los que acuden a las zonas verdes más importantes de la capital: la Casa de Campo, el histórico Retiro, el Parque del Oeste o el de Rodríguez Sahagún.
 
"Es la mejor forma de olvidarse de las penurias, de los problemas de trabajo y de los papeles y, además es barato", asegura a EFE Cecilia Lincango, una joven ecuatoriana que lleva tres años residiendo en Madrid.
 
La joven, como muchos otros compatriotas de los más de 30.000 que residen en la capital de España, se ha encontrado en estos parques los fines de semana con amigos que no había vuelto a ver desde que salió de Ecuador.
 
"Es todo un motivo de alegría, ya que no podemos vivir en Ecuador, hemos conseguido unir aquí a casi toda la pandilla de Guayaquil", comenta.
 
"Compartimos nuestras experiencias en este país y nos ayudamos unos a otros a buscar trabajo o, simplemente, aprendemos entre todos cómo tramitar los papeles que te aseguren la estancia legal en España", explica Roberto Andino, un peruano de 24 años que trabaja como albañil.
 
En la Casa de Campo, considerado el principal "pulmón" verde de Madrid, pueden llegar a reunirse en una tarde más de 4.000 personas, y en el de Rodríguez Sahagún, de reciente construcción, se juntan más de dos mil, según fuentes municipales.
 
Mientras las familias aprovechan estas reuniones para compartir platos habituales de sus países como plátano frito, mango con sal, cerdo con salsa de cebolla o helados de coco, los jóvenes escuchan a todo volumen éxitos de Ases de la Rockola, Los Diablitos, Nacional Mix o Luisa y Natalie.
 
También juegan al baloncesto, al fútbol o al voleibol en las pistas de estas instalaciones y hacen apuestas que, según la Policía, muchas veces ayudan a "caldear" el ambiente y acaban en reyertas.
 
Pero estos parques se convierten en algo más que un lugar de reunión masivo de inmigrantes, ya que en ellos se montan puestos de venta de discos piratas, de comida preparada, fruta o tabaco, mezclados con otros en los que los predicadores aprovechan la concentración de gente para ganar adeptos a su causa.
 
Fuentes policiales aseguran que las reuniones no suelen causar conflictos graves, aunque se ven obligados a intervenir para controlar el consumo de alcohol, que a veces se dispara, y para retirar las barbacoas y los puestos de venta de comida sin licencia.
 
Mientras Roberto Echevarria, un inmigrante colombiano, reconoce que le gusta acudir a estas reuniones porque "puede tomar unas copas con sus amigos", Gabriela Enriquez, una boliviana de 23 años, asegura que en los parques, las pandillas acaban siempre bebiendo demasiado y peleándose entre sí.
 
"A última hora de la tarde siempre suele haber peleas, especialmente entre ecuatorianos y colombianos, después de haber tomado mucho alcohol", sentencia Melva, una de las amigas de Gabriela.
 
Peleas que también provocan las quejas de los vecinos de estos recintos y de los padres que acuden habitualmente con sus hijos a las zonas verdes, quienes consideran que son "invadidas" por los inmigrantes y no permiten su uso libre a los más pequeños.
 
"Principalmente vienen los fines de semana, pero llegan a primera hora de la mañana y mantienen ocupadas las instalaciones durante todo el día, hasta entrada la noche, sin que nadie más pueda utilizarlas", se queja María Ríos, una vecina del parque Rodríguez Sahagún que acude habitualmente con su hija a estos recintos.
 
El boliviano Jairo Mendoza asegura, sin embargo, que suelen limpiar lo que ensucian y que si los españoles vivieran en Madrid en las condiciones en las que ellos viven, también acudirían a los parques a respirar aire puro.

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