EL ESCRITOR decía que deber de los poetas es cantar con sus pueblos y dar al hombre lo que es del hombre: sueño y amor, luz y noche, razón y desvarío. Afirmaba, asimismo, que la poesía es siempre un acto de paz.
El escritor nació el 12 de julio de 1904. Ayer habría cumplido 99 años. Murió en 1973.
Con un acto que incluyó música, cuentos y poesía, Chile recordó ayer a su poeta mayor: Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, conocido de manera universal con el nombre de Pablo Neruda, el cronista de todas las cosas, como prefería decirse.
El autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, quien es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX, nació en la ciudad chilena Parral el 12 de julio de 1904 y quedó huérfano de madre al mes de haber venido al mundo.
Desde muy niño sintió una profunda inclinación por las letras, que fue estimulada por su colega y compatriota Gabriela Mistral, a quien conoció muy joven. A los 15 años realizó su primera publicación en la revista Corre vuela. De allí en adelante tuvo una producción literaria muy fructífera, dentro de la cual se mueven dos temas clave: el amor y sus ideas políticas, ambos impregnados de una alta dosis de pasión. Su obra incluye, entre otros títulos: Crepusculario, Canto general y Odas elementales.
De ideas de izquierda, fue miembro del Partido Comunista chileno. Se desempeñó como senador y también como embajador en Francia.
Neruda se casó tres veces y solo tuvo una hija, producto de su matrimonio con María Antonieta Hagenaar, que murió a los ocho años. Después de Hageenar, se casó con Delia Carril. Sin embargo, su amor más duradero fue Matilde Urrutia, a quien le dedicó, entre otros poemas, los que integran el libro Cien sonetos de amor. Ella fue quien estuvo junto a él hasta su muerte, acaecida el 23 de septiembre de 1973.
Su talento y compromiso con la humanidad fueron reconocidos a través de importantes galardones, como el Premio Nacional de Literatura de Chile (1945) y el Premio Nobel de Literatura, en 1971.
Esta vez dejadme ser feliz
Nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy feliz.
(...) Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma:
canto y arena
el mundo
es hoy tu boca;
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque sí, porque respiro y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.
Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra,
ser feliz
contigo con tu boca,
ser feliz.
De: Odas elementales