¿Regionalismo en Nueva York? Sí. Las taras del Ecuador se repiten también en la capital del mundo.
El costeño habla mal del serrano, el serrano del costeño y lo que se logra es que la comunidad ecuatoriana no tenga cohesión, no logre un proyecto unificador que, por ejemplo, lleve por primera vez a un ecuatoriano a lograr una curul en un concejo de Nueva York o una diputación del Estado.
¿Un ejemplo? En el 2001 se dio un caso muy parecido al de los escenarios políticos del Ecuador. Dos candidatos de origen ecuatoriano no lograron ponerse de acuerdo y decidieron ir, cada cual por su lado, a la contienda por una concejalía en uno de los distritos del condado de Queens (en el que viven, según estadísticas extraoficiales el 70% de los 500.000 ecuatorianos en la ciudad de Nueva York). El resultado de la división fue el triunfo del candidato puertorriqueño.
Hay una dispersión del colectivo ecuatoriano que se ve fácil en la lista de asociaciones e instituciones (algunas de ellas con disputas de tinte personal entre sus directivos) que el Comité Cívico intenta aglutinar.
Desde la asociación de San Marqueños residentes en Nueva York (que escogió hace poco a la Cholita San Marqueño), la de los Naranjalenses, la de los Lictenses, de los de Biblián, etcétera, cada institución quiere hacer sus proyectos, ejecutar sus ideas por su cuenta, según aseguran varios ecuatorianos.
“Cada una tiene un criterio propio, más o menos como los políticos nuestros”, dice un periodista ecuatoriano que trata diariamente con diversas organizaciones y que prefiere omitir su nombre.
Cada cual va por su lado, parece ser la realidad. Aníbal Toral, presidente del Comité Cívico Ecuatoriano (entidad que está en campaña para hacer entender a los residentes que la necesidad actual es la nacionalización estadounidense), pone de ejemplo lo que puede lograr una comunidad unida.
“Cuando al mexicano le dicen, aquí abajo nos tenemos que reunir a las cinco para protestar porque asesinaron a un mexicano, hay 5.000 mexicanos esperando para hacer que se le respeten sus derechos. Pero si usted llama al ecuatoriano, mucho habremos veinte porque a nadie le importa”.