Las viviendas se construyeron con materiales del medio o traídos de Europa a inicios del siglo XX.
El parque Central de Portoviejo, entregado a la ciudad el 11 de octubre de 1881 por el coronel Pedro Campozano, fue declarado Patrimonio Cultural del Estado por el Ministerio de Educación y Cultura, junto con 36 inmuebles públicos y privados de la capital manabita.
Técnicos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador (INPC) evaluaron las características de las viviendas, construidas a inicios del siglo XX, algunas aún están habitadas por descendientes de sus propietarios.
El parque Central, denominado Vicente Amador Flor en recuerdo del poeta manabita, tiene mucha historia. En su interior se conserva un quiosco o glorieta traída desde Hamburgo (Alemania), en 1912.
Jorge García Terán, delegado del INPC en Manabí, indicó que la declaratoria tiene como objetivo recuperar las viviendas construidas con caña guadua y enquinche, así como las primeras edificaciones de cemento que datan de 1940.
“Los 37 inmuebles representan las características de las edificaciones que tenía Portoviejo, el 40% son de caña y madera. Sus constructores fueron los artesanos de la escuela de Artes y Oficios que dirigía monseñor Pedro Shumacher en el siglo XIX”, aseveró.
Centro histórico
Las viviendas que ahora son parte del Patrimonio Cultural se encuentran en su mayoría asentadas en las calles Sucre, Colón, Rocafuerte, Bolívar, Chile y en ellas es posible observar trabajos en hierro forjado y madera, que llaman la atención por sus líneas.
García considera que la casa más representativa es la que hoy pertenece a la familia Cevallos Arízaga. La construyó, a inicios del siglo XX, el presbítero Antonio Metalli, con materiales traídos de Italia, como zócalos repujados, zinc, balcones de hierro forjado, ventaneras, y aún hoy conserva el patio estilo español.
Liliana Cabrera, del INPC, indicó que en la vivienda existe un subterráneo que se utilizó como albergue cuando Eloy Alfaro libraba sus batallas cerca de Portoviejo.
Otra de las casas pertenece a la familia Barcia Bravo. Es la única de dos plantas altas construida en el cincuenta y que aún está habitada.
“Los portovejenses deben levantar su autoestima y tomar conciencia que ahora todas estas viviendas son parte de la identidad de la ciudad”, manifestó Cabrera.