Washington advirtió ayer a Irán contra cualquier injerencia en Iraq, reaccionando así a las informaciones de prensa que indican que Teherán habría infiltrado agentes entre los chiitas iraquíes para instalar un gobierno islámico.
Mientras que la ciudad iraquí de Karbala continuó recibiendo ayer a cientos de miles de musulmanes chiitas, en un acto religioso que demostró que la ciudad no está más bajo la autoridad de Saddam Hussein, que había prohibido la manifestación durante décadas.
Sin embargo, la ausencia de tropas estadounidenses dejó claro que tampoco EE.UU. la controla completamente y que hay un hondo resentimiento contra la invasión norteamericana.
La respuesta a la convocatoria de los líderes chiitas señala su influencia en Iraq y ha abierto el debate sobre cómo utilizarán los clérigos su poder y si tratarán de establecer un gobierno islámico fundamentalista.