martes 15 de abril del 2003 Columnistas

Hernán Pérez Loose

The game is over...


“El juego ha terminado...”, fue lo que declaró a la prensa el embajador de Iraq ante la ONU la semana pasada cuando se le preguntó su reacción frente a los sucesos en Bagdad. Ciertamente que para dicho funcionario el juego había terminado. Perdió su cargo y luego se fue a Siria. Pero el juego también terminó para otros. Terminó, ciertamente, para Hussein y su régimen. Entre el genocidio contra los kurdos, los asesinatos políticos y dos guerras absurdas su gobierno es responsable por casi un millón de muertos.

Terminó el juego para las potencias que durante doce años boicotearon el programa de desarme y el embargo a Hussein, y que luego se opusieron a que se lo intimide por la fuerza. Poco a poco se va descubriendo que detrás de esto había otras cosas menos nobles que la paz o la legalidad.

“The game is over” para todos aquellos que se han opuesto a las operaciones bélicas de la coalición. Queda claro que para muchos basta que un tirano como Hussein o Castro grite contra los EE.UU. para que todo se le perdone en nombre de la soberanía, la legalidad, la diversidad cultural, y hasta de los derechos humanos. No deja de ser paradójico que mientras en las calles de Iraq el pueblo festeja la caída de Hussein y agradece a la coalición, en las calles de Occidente miles no pueden ocultar su frustración por el desenlace. Desde el balcón de su arrogancia ellos creen saber más de la libertad que los propios iraquíes.

Bien podría estar por terminarse el juego para ese mosaico de dictaduras que reinan el Medio Oriente. No hay cosa a la que más teme un autócrata que el pueblo de la nación de al lado se libere de una dictadura. Las imágenes de alegría de los iraquíes han ciertamente preocupado tanto a la teocracia iraní y la oligarquía saudí como a los autócratas de Egipto y Libia. Bien podría abrirse un corredor democrático entre Turquía, Israel, Iraq y  probablemente Líbano, tan pronto como se sacuda de Siria.

El juego terminó también para la derecha israelí. A Sharón le será imposible resistir la presión que se le viene para terminar el conflicto palestino. Y terminarlo aceptando la creación del Estado palestino y el retiro de los territorios ocupados.

Es el comienzo del fin, además, para los extremistas. Ellos son los más grandes perjudicados si el Medio Oriente entra, aunque sea tímidamente, por un camino de democracia. Si Hegel concluyó que la libertad es el argumento de la historia occidental, hoy la globalización nos dice que ese ideal no es exclusivo de una civilización. Pero se requerirá de tiempo y perseverancia.

La reconstrucción de Iraq y su democratización no serán tareas fáciles. Los intereses económicos en juego, el peligro de un exagerado optimismo en Washington y la desorientación en que han caído la alianza del veto (Francia, Rusia, Alemania) y el Secretario de la ONU, pueden causar más de un problema en el camino.

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