El interventor liquidador de la Empresa Nacional de Almacenamiento, ENAC, Carlos Sánchez, reconoció que sus plantas en Quevedo, Tosagua, Daule y Portoviejo están listas, pero no hay los recursos para llenarlas de diésel y poner al día las deudas con las empresas eléctricas, que es lo que siempre hacen, previo al arranque de la cosecha de maíz y arroz.
Alrededor de $ 50.000 es el flujo inicial de recursos para atender estas obligaciones y realizar el mantenimiento durante la campaña para evitar daños mayores.
Desde el inicio de la liquidación de la empresa estatal, las deudas por 18 millones de dólares han bajado a 2 millones, con la venta de bienes y reducción del personal.
El servicio de recibo, secado, limpieza y almacenamiento de maíz, arroz y soya, -no con los 600 empleados sino con 60-, lo inició la entidad en el 2001 con ciertas deficiencias que han sido subsanadas para ofrecer un producto de calidad a la industria y evitar las quejas de faltantes y de mala calificación, anotó el funcionario que ha sido ratificado en su cargo por el Ministro de Agricultura.
La falta de capital de trabajo de la entidad se debe a que se maneja con recursos propios y no tiene partidas del Estado, y por eso está en liquidación, observó Sánchez.
“Mi política ha sido no venderlo todo sino reactivar las plantas porque son las que generan algún ingreso y sigamos con el proceso”.
La deuda que mantiene la entidad es con el Ministerio de Economía (1 850.000) y su participación ha servido para levantar el poder de negociación de los agricultores. Citó el caso de Quevedo en donde Fenamaíz y asociaciones afiliadas, han podido sacar crédito, operar y luego vender un grano óptimo a la industria, a veces por encima del precio referencial acordado.
El servicio en las plantas de ENAC fue reajustado de 0,35 a 0,50 de dólar por quintal de maíz.