Domingo 30 de marzo del 2003 El País

El cerro Pucará se enoja con los extraños

CHACHIMBIRO, IMBABURA

Por un chaquiñán (pequeño sendero), María Margarita Landázuri camina una hora para salir de su casa ubicada en la parte alta del monte Pucará hacia el balneario de Chachimbiro. Ella dice conocer algunos secretos de la montaña de donde vierten las aguas volcánicas.

“El cerro es bravo”, dice la mujer, de 80 años. Relata que cuando era adolescente, su padre la llevó a la cumbre del Pucará. “Cuando llegamos, una cosa blanca como neblina cubrió todo y me hizo desmayar”. Explica que ese es el lenguaje que utiliza la montaña para alejar a los extraños que quieren descubrirla.

Ella retornó al sector en posteriores ocasiones, pero no vio la “cosa blanca” ni se desmayó, como sí sucede hasta la actualidad -según asegura- con los turistas que pretenden llegar a la cima.

María Margarita señala que en su niñez no había piscinas en Chachimbiro y solía bañarse con sus familiares en una poza natural. Agrega que en las paredes de donde mana el elemento habían capas de sal. “Recogíamos para comer, era rica. También bábamos al ganado”.

En lo posterior, el área formó parte de una hacienda de varios propietarios. Luego tomó a cargo el ciudadano José Ignacio Cabrera, quien entregó el manejo al Consejo Provincial y este a la Fundación Cordillera, que hoy administra en convenio con nueve comunidades campesinas de la zona.

Los recursos que se obtienen por la taza de ingreso ($2 por persona) se dedican a obras, dice Alfonso Imbaquingo, administrador.
El País

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