- MAR. 30, 2003 - Foto - El País - EL UNIVERSO
Decenas de personas creen que las termas curan por influencia del Señor de los Remedios.
Es como si la montaña llorara. O como si transpirara un sudor amarillento por los poros de las verdes rocas. El vapor y las burbujas se esparcen en el frío ambiente; el líquido corre por unos canales que descienden por debajo de las peñas hacia un complejo de piscinas.
Cincuenta metros abajo, la estatua de un indígena, con sombrero y poncho, sostiene una vasija. Esa es una de las diversas formas de cascada adecuadas para que el agua llegue a las piscinas, de diverso grado de temperatura y uso. Hay reservorios que son frecuentados por turistas, hasta aquellos en los que se sumergen personas enfermas en busca de curación a sus males.
En Chachimbiro, complejo recreacional, curativo y religioso ubicado al noroeste de Ibarra, el agua volcánica se transforma en agua milagrosa, por los trabajos que los comuneros del sector y la Fundación Cordillera realizaron al pie del cerro Pucará, en lo que se considera era el corazón de un volcán que erupcionó hace cientos de años.
Los asistentes, especialmente quienes sufren de artritis, reumatismo, lumbalgias u otras enfermedades, se encargan de expresar su fe y dar el toque de misterio, magia y divinidad a las aguas termales.
Quienes encontraron cura no solo reconocen el valor de la composición química de la fuente sino que atribuyen a la ayuda de Dios y del Señor de los Remedios, cuya imagen se venera en una urna levantada en un rincón de la montaña.
Casi no existen relatos sobre su existencia en la época incaica o colonial, pero en el libro La Microcuenca del Chachimbiro, editado por la Fundación Cordillera y el Consejo Provincial de Imbabura, se menciona que dado que la vertiente proviene del cerro Pucará, que en quichua significa fortaleza, el sitio fue afluencia de los viejos guerreros indígenas encargados de la defensa de su pueblo.
A Chachimbiro –en ese texto– se lo compara con las históricas termas de Pompeya y se indica que bien escrita estaría la frase que caracterizaba a esas fuentes: “En nombre de los dioses, la entrada está prohibida a la muerte”.
El análisis científico clasifica a las aguas de Chachimbiro en las de mineralización fuerte. Son cloruradas y contienen bicarbonatos, magnesio, calcio, hierro y otros metales.
Mercedes Vaca, ibarreña de 65 años, desecha que sean las características químicas del líquido las que le dieron mejoría. Para ella, Chachimbiro es un milagro de Dios.
“Vengo a acompañar al Señor de los Remedios, porque sus benditas aguas me han dado la salud. Estaba mal, por la diabetes pesqué una anemia y no hallaba cura, hasta que vine a rezar al Señor, me bañé con toda fe en las fuentes y me curé”, relata con convicción.
Manuel Castro se sumerge en las aguas de 50° C y detalla que encuentra alivio a los dolores provocados por el reumatismo. Pero aclara: “¡Quién más poderoso que el Señor de los Remedios para curar!”.
Hay otros, como la familia Otavalo, de la ciudad de ese nombre, que dicen llegar por curiosidad mientras Oswaldo Solís y diez amigos, de Samborondón, Guayas, acuden por turismo. No obstante, ellos y otros asistentes se maravillan por la magia de la naturaleza que pone a su alcance el líquido de sus entrañas, para que cada uno le dé el calificativo que crea conveniente.(JO)