Domingo 23 de marzo del 2003 ¿Se acuerda de...?

El ‘Nene’ del gol de Barcelona

Redactor | Marcia Andrade

Juan Madruñero

Jugó en Barcelona entre 1970 y 1988, primero de puntero derecho o izquierdo y luego como armador en el centro de la cancha con el número 10. Por su menuda contextura física era conocido con el apodo de Nene.

¿Quién no recuerda a Juan Madruñero, ese deportista de 1,58 m de estatura y 99 libras de peso que por 18 años le dio tantos goles y triunfos al Ídolo del Astillero?
Con 49 años y más peso (dice que creció 4 cm y subió 51 libras) el Nene sigue en la cancha. Los domingos juega en el Batallón del Suburbio (atrás del cementerio de esa zona) con otras viejas glorias del fútbol ecuatoriano como Miguel Coronel; y los martes, jueves y sábados  entrena niños y niñas de la Academia de Fútbol Ídolos del Astillero, en Durán.

Con zapatos de pupos y un atuendo amarillo y negro –colores del equipo de fútbol en el que pasó su juventud– enseña a chiquillos de 4 a 11 años, toques de balón con el empeine y el borde interno y externo del pie. “Derecha, zurda, derecha, zurda”, dice, mientras patea y recibe el balón de los pies de la alumna Jéssica Zumba.

El Nene tenía 3 años cuando sus hermanos lo llevaban a ver jugar a Barcelona, donde ingresó a los 12 (divisiones inferiores), luego de que el entrenador Juan Vera descubriera sus aptitudes futbolísticas en Chambers y Av. del Ejército, calles en las que, practicando fútbol, gastaba zapatos cada dos semanas.

“El profesor Vera me vio jugar en el equipo de mi barrio y me llevó al suyo. Luego me probó en un entrenamiento y a los 15 años me inscribió en la primera división (profesionales) de Barcelona”, recuerda.

Su primer partido fue contra Liga de Quito, en la Capital. A las pocas semanas, en Guayaquil, anotó su primer gol contra Everest. Participó en otros encuentros con equipos extranjeros y se quedó como titular.

Por tres ocasiones integró la selección del Ecuador y también jugó en Liga de Portoviejo, equipo al que Barcelona lo vendió en 200 mil sucres y lo recompró, un año después, en un millón.

Renunció al club amarillo cuando tenía 35 años. En su último partido se retiró con dos goles que anotó al Olmedo de Riobamba y un auto Fiat Uno que le regaló la dirigencia torera.

Se dedicó a la transportación de artículos de una fábrica de aceites y luego fue entrenador de las divisiones inferiores de Barcelona, categorías Sub 18 y 20.

De su actividad futbolística le quedan muchas lesiones (la más grave una fractura de tobillo) y recuerdos de graciosas anécdotas surgidas por su contextura física, como aquella ocasión cuando en un hotel de Buenos Aires, adonde viajó para un partido de Copa Libertadores, dos huéspedes lo confundieron con botones y lo acusaron de malcriado con los empleados de la recepción porque no les prestó atención cuando le pidieron que cargara sus maletas.

Ahora, en la academia, Madruñero recomienda a sus alumnos hacer un juego con goles para que no se pierda el gusto del fútbol, como el de su época.

“A los jugadores de ahora únicamente los preparan para correr y marcar. Antes corríamos, pensábamos y había más goles”, comenta el Nene.

¿Se acuerda de...?

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