Hoy, el encebollado en el puesto de venta de Carlos Menallo, en la Novena y Sucre, estará 0,20 más barato.
El comerciante lleva en un saquillo cuatro bonitos de seis libras que le costaron 2 dólares cada uno. Hasta la semana pasada pagaba cinco dólares por cada pieza de pescado.
Sonríe al decir que hoy “sacarse el chuchaqui” resultará más económico, pues él cobraba por el plato de encebollado $ 0,80 y mañana sorprenderá a sus clientes habituales con otro precio: $ 0,60.
La razón de la baja en el precio del pescado, según los vendedores del mercado Caraguay, es la buena temporada. Está a la vista. Brillantes lomos de albacoras, dorados y bonitos abundan en cada uno de los puestos de la sección de pescadería del mercado.
La reducción ha sido de 0,40 dólares por libra en el caso del dorado y 0,20 en la albacora.
En otra sección del mercado, América Murillo lleva menos productos en su canasta, ha dejado de visitar, sobre todo, la sección de carnes. “No queda más que hacer dieta”, dice mientras regatea con la vendedora por una libra de papas.
Esta ama de casa, ante las dificultades económicas, ha tenido que “inventarse nuevos platos”, es decir, prescindir de algunos condimentos (cilantro, perejil) y de pollo o carne, reconoció que ahora su familia es “casi vegetariana”, pues las sopas y menestras han reemplazado los platos completos.
Adeodato Valencia, abogado, se siente afortunado de poder aumentar su presupuesto para seguir comprando lo necesario; comparte con su esposa, con quien realiza las compras, la preocupación por la elevación general de los precios.
“Hay que pensar bien para comer”, dice Valencia. Ellos buscan el ahorro comparando precios en los mercados.
Las 50 naranjas, por ejemplo, en el mercado de Pedro Pablo Gómez, cuestan 2,50 dólares, mientras que en el Caraguay por 25 de ellas hay que pagar 2 dólares.
Otra persona que reparte sus compras en diferentes lugares y analiza su conveniencia es Juan García. Él compra legumbres y granos en el mercado de Pedro Pablo Gómez “a los cuencanos”, los precios son convenientes y en esa parte es higiénico.
Para buscar limpieza, este jubilado se desplaza al Caraguay a comprar las frutas. Por una piña le piden 1,30 dólares, los paga a pesar del alza de $0,40. “Yo me estimo”, dice sonriente y cuenta el vuelto.