- FEB. 05, 2003 - Foto - El País - EL UNIVERSO
Bajo una ramada de paja que hace de rancho, 23 comuneros, la mayoría mujeres y niños kichwas, se agolpan alrededor de unas hojas verdes tendidas en el piso y en las que hay plátanos cocinados y dos recipientes con caldo de cebolla. Todos toman un sorbo.
Termina la merienda, iluminada por la claridad que genera la llama de un tronco, y las mismas hojas son útiles para acostarse y dormir. A las 03h00 se despertarán a conversar sus sueños y programar las tareas de la mañana. Así lo hacían los abuelos.
En el centro de la comunidad, adonde solo se llega en avioneta desde Puyo, las ancianas cocinan y mastican yuca para hacer la chicha y enviar a sus compañeros que hacen guardia para impedir el acceso de la petrolera.
El Consejo de ancianos, el Taija Saruta (presidentes de las comunas), Amis (mujeres) y el Samaruta (jóvenes) son sus formas de organización. Los mandatos son obligatorios. Los castigos se aplican según la falta, por ejemplo dos días de trabajo comunitario, expulsión de la zona, aplicación de ortiga en el cuerpo o ají en los ojos.