Lunes 03 de febrero del 2003 Migración

Diez cadáveres de emigrantes fueron repatriados desde Europa en enero

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De izquierda a derecha Aracely, Karina y Mercy Criollo (en primer plano) lloran la muerte de Rogelio Uruchima.

Un 22 de enero del 2001, Rogelio Criollo Uruchima se embarcó en un avión con rumbo a España. Dos años después regresó dentro de una caja de madera, cubierta con una lona, convertido en cadáver.

Según informó la Defensoría del Pueblo, el pasado enero realizó el traslado de los restos de diez compatriotas que viajaron al Viejo Continente.

El vuelo 6635 de la aerolínea Iberia trajo el cuerpo de Uruchima el sábado pasado, a las 19h45.

Afuera del aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil sus familiares y amigos, todos oriundos del cantón Milagro, hicieron antesala durante hora y media, pero la pertinaz lluvia generó impaciencia y desolación.

El dolor se agrandó cuando vieron el ataúd que cubría el cuerpo de Rogelio Criollo.

Ángélica Guamán, esposa del fallecido, lloraba mientras acariciaba al niño que lleva en el vientre, hijo del hombre que nunca más volverá a ver.

Ella lo conoció y se enamoró de él en Madrid, lugar donde un día decidieron contraer matrimonio.

Realizaron trabajos de marmolería y vivieron juntos hasta que él murió por un paro cardiaco.

Familia lo recibió
Angélica no estuvo sola. Su pena la compartió con la mamá de Rogelio, Luisa Uruchima, quien junto a sus hijas, Mercy y Aracely, se trasladaron desde el recinto San Antonio, en Milagro, para recibir a su ser querido.

“Cuando vine a despedirlo, hace más de dos años al aeropuerto, nunca imaginé que lo volvería a ver en una caja”, expresó la mamá.

Su hermana Mercy recordó que la última imagen que tiene de él es su cara triste y el beso que le dio al partir.
Criollo pasó a formar parte de la lista de ecuatorianos que han fallecido en España, a donde viajaron para mejorar su estatus de vida.

De 25 años, falleció en la ciudad de Torrijos el pasado 6 de diciembre, víctima de infarto.

Su repatriación se demoró 56 días debido a las dudas que se suscitaron en torno a su muerte.

Andrés Sánchez Magro, juez de Instrucción de la localidad, ordenó la práctica de la autopsia que confirmó el diagnóstico del paro cardiaco.

Los trámites del traslado estuvieron a cargo de la Defensoría del Pueblo, que a través de Claudio Mueckay, gestionó ante las autoridades de España para evitar que el compatriota fuera sepultado en ese país.

“Estamos agradecidos porque pudimos traer a mi hermano y poder sepultarlo en el Ecuador”, sostuvo Aracely Criollo.

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