miércoles 29 de enero del 2003 Columnistas

Provincialismo - sectario - centralista


La denuncia planteada por sectores sociales de la Costa, ante la muestra de sectarismo en el famoso Diálogo Nacional por la Unidad y el Desarrollo convocado por el Gobierno, revela los grandes obstáculos que tenemos para estructurarnos como nación unitaria. Indica, además, que la actual organización administrativa no permite acercamiento ni consenso nacional alguno, porque ignora lo que se plantea desde la Costa (más de la mitad del país).

Patricia Sánchez, de la Federación de Comunas del Guayas lo percibe así. El 24 de enero, dijo a EL UNIVERSO lo que muchos venimos sosteniendo hasta el cansancio: “Tenemos características específicas que, a veces, no son visibles en los espacios nacionales”. Igual cosa hace el dirigente esmeraldeño Santander Quiñónez al decir que: “La óptica de alguien que reside en la Costa es muy diferente a la de un burócrata” y agrega algo que siempre se da: “en la mesa en la que participé, ha habido más representantes de la Sierra”. El manabita Antonio Perea afirmó lo mismo que habrían pensado en Los Ríos y El Oro, si hubiesen asistido.

Mientras persista en los centralistas aquello que: “Quito es centro y poder; eje de la cultura e identidad nacionales”, jamás se aceptará la diversidad que existe en el kaleidoscopio ecuatoriano. Desde hace años, desde el Archivo Histórico del Guayas, mediante artículos, conferencias, seminarios, etcétera, hemos insistido en la necesidad de una macrovisión de lo nacional que supere el quiteñocentrismo (como lo llama Miguel Donoso), ahora ya no circunscrito a las élites sino arraigado en todas las clases sociales de Sierra centro-norte. Lo ocurrido en ese diálogo da la razón a nuestra denuncia que se resume en: “no se trata de una actitud exclusiva de las cúpulas sociales y políticas de la Sierra centro-norte, sino que, con ella se identifica la totalidad de los         sectores de esa sociedad”.

Mientras los costeños, mayoritariamente autonomistas y anticentralistas, no impulsemos una estrategia común, no alcanzaremos lo que deseamos. No sé qué esperan los jóvenes dirigentes para diseñarla con miras al desarrollo global y solidario. Llenos de esperanza, creímos que empezaría con la reunión de Puerto Lucía. Pero vimos, con pesar, que no pasó de ser una simple postura, un enunciado ideológico, reunión social en la cual algunos hicieron gala de histrionismo. El centralismo, como institución antidemocrática, evidencia ser un régimen político de exclusión social, injusto e inicuo. Por eso, pese a la vigencia de la Ley de Descentralización, el problema sobrevive como una realidad. Y no existen decisiones políticas para terminarlo. Situación demostrada en el Diálogo Nacional evidencia que existe un problema que nos divide y enfrenta, que los burócratas y beneficiarios del centralismo se niegan a ver y resolver.

Los mismos obstáculos y obstaculizadores, que sufrió la república al nacer, todo por no extirpar el centralismo para que surja un país unitario, sobreviven hoy. Esto crea una tirantez que acumula pasiones fáciles de desembocar en enfrentamientos civiles. El poder centroandino que irrespetó la decisión popular costeña del 2000, en pro de la autonomía solidaria, tiene las mismas características de la guardia colombiana con que Bolívar sometió a la Provincia Libre en 1822. Ayer, igual que hoy, impedir se concrete esta aspiración mayoritaria, es el mejor camino para aniquilar al país.

Con la experiencia que nos han dado la vida y su lección, una vez más llamamos a que se entienda que la demanda por descentralización y autonomía, no es postura antiunitaria sino propuesta y salida para que quienes medran de ella no liquiden al Ecuador histórico que, con tanto esfuerzo, construyeron Olmedo, Rocafuerte, Alfaro y cuantos líderes honestos de la Costa creyeron, como nosotros, en un Ecuador unido.

 

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