- ENE. 13, 2003 - Foto - Migración - EL UNIVERSO
PARÍS.– Julio Barahona es un emigrante quiteño que toca y canta en las calles de esta ciudad.
La impronta de los ecuatorianos también está en París.
Al pie de la iglesia del Sagrado Corazón, uno de los monumentos más emblemáticos de la Ciudad Luz, periódicamente suena la guitarra del quiteño Julio Barahona, quien junto al grupo Projection Latine inunda el ambiente con los compases de la música nacional y latinoamericana.
Barahona llegó a Francia en 1987 con la finalidad de realizar un posgrado de Economía. Al poco tiempo comprendió que la vida de un estudiante no era tan fácil en un país donde el nivel de vida es muy elevado.
Para sobrevivir decidió sacar su guitarra y mostrar su faceta de artista en las calles y parques de París.
Desde ese momento cambió su vida. Los estudios se convirtieron en su pasatiempo mientras que la música devino en profesión. Barahona terminó el posgrado pero decidió quedarse con su música al pie de la Torre Eiffel.
“Si regresaba, quizá no hubiese encontrado un buen trabajo debido a la corrupción que hay en el Ecuador”, dijo.
Labora para Ayuntamiento
Actualmente, Julio Barahona y su grupo Projection Latine trabajan para el Ayuntamiento de París, organismo que trimestralmente fija los sitios turísticos de la ciudad adonde debe acudir para brindar sus conciertos.
Además, ha grabado 4 discos compactos, los cuales vende a su público después de cada presentación. “Para mí, la música es un intercambio cultural; las melodías latinoamericanas seducen porque te transportan a la naturaleza, convirtiéndose en una especie de medicina que alivia el creciente estrés que genera la vida urbana”, señaló.
Cuando la vida se complica
La vida en París ya no es tan fácil como hace algunos años. “Antes de que entrase en circulación el euro, la gente daba más monedas y valoraban más el trabajo del músico ambulante”, comentó Barahona.
A ello se suma la pena de haberse convertido en un testigo de los malos momentos que muchos de sus compatriotas están pasando en Francia. Desde los múltiples escenarios donde Barahona toca su guitarra ha podido advertir la presencia de ecuatorianos que no tuvieron suerte en otras naciones europeas y que ahora buscan en París un trabajo para sobrevivir.
“En los últimos meses, ha crecido la migración ecuatoriana clandestina, muchos de estos compatriotas no pudieron encontrar un trabajo en España porque no tienen papeles, sin embargo, aquí la situación es mucho peor porque casi todos desconocen el idioma”, explicó.
Barahona ignora si todos esos compatriotas regresarán al país. Él, a sus 40 años, casado con una francesa y dos hijos, tampoco sabe si algún día volverá a pisar su tierra. Por el momento, su hermano Hugo, que también vive en París y que se dedica a tocar con el arpa, música clásica, es lo más cercano que tiene del Ecuador.
Los dos se ven a menudo y en sus conversaciones nunca falta la nostalgia por la familia, los amigos, las calles del barrio La Gasca y el sabor de los platos típicos.
“Una vez que actuaba en el centro de París, un espectador se acercó a pedirme que tocara el Chulla quiteño, entonces sentí lo lejos que estoy de mi gente, de su calidez y su alegría”, musitó Julio Barahona.