La nueva señal en los centros docentes de nivel intermedio y profesional agropecuarios es que como “las mujeres también usan pantalón”, el dominio en estos menesteres del sexo opuesto no sea ahora tan llamativo como antes.
Así, la milenaria preferencia de procrear solo varones en el seno familiar de auténticos agricultores o ganaderos, empieza a perder arraigo. El 60% del estudiantado del Instituto Tecnológico Agropecuario de Vinces, adscrito a la Universidad de Guayaquil, promedia los 20 años de edad y toma con mayor responsabilidad e ímpetu las labores del cultivo, sin importarle que el ardiente sol y el desgaste físico aplaquen a su vanidad y constitución femenina. Sin duda, menos pesado que doblarse con un niño a la espalda para labrar el suelo con el azadón, pero más importante para un Ecuador que necesita de profesionales y agroempresarios más preparados y competitivos.
Con más de 30 años de actividad académica, este ente tecnológico que dispone de 80 ha. de terreno en los alrededores de Vinces, Los Ríos, prepara profesionales en ingenierías agronómica y agropecuaria, medicina veterinaria y zootecnia, tecnologías en banano y frutas tropicales, granos y semillas y en acuicultura. Cerca de 300 alumnos del cantón sede y cercanos acuden a clases que dictan 35 profesores, que en promedio no ganan más de $ 250 mensuales.
Sobrevive el instituto con el 5% por autogestión con la venta de semilla certificada de maíz, fréjol, arroz y soya, análisis de laboratorio de suelo y calidad de agua, plantas de cacao, y asistencia técnica a las comunidades.
La deserción estudiantil es del 40% y la atribuye el director del plantel, Julio Carcelén, a la falta de vocación y a la carestía de la vida. Ante esto, él propone a las Municipalidades que patrocinen becas e internado.