Pintura, literatura, música, danza, comedia, teatro, tradiciones, juegos populares... en fin, ellos están en todas. Son una treintena de universitarios inmersos en la organización de eventos masivos para promover la cultura local.
Los alumnos de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica tienen un secreto que quieren compartir.
Un secreto que difunden en cada uno de los trece eventos culturales programados para este mes como parte de la materia denominada Animación Cultural, que desde hace cinco años ha impulsado más de un centenar de actividades de este tipo.
¿Y cuál es ese mensaje oculto que ellos difunden con tanto esmero? Pues, nuestra propia identidad.
¿Quiénes somos?, ¿cuáles son nuestras raíces?, ¿cuáles son nuestras expresiones artísticas?, son las complejas preguntas que ellos intentan contestar, tanto para el público como para ellos mismos.
Por eso Diego Anchundia (22) tuvo que investigar mucho para organizar su evento denominado “Cuando el río suena, morescas trae”.
“La moresca es un baile español que era muy popular en nuestro país en tiempos de la Colonia, pero incluso nosotros sabíamos muy poco de él”, confiesa sintiéndose hoy orgulloso de haber aprendido bastante sobre ese y otros temas relacionados.
Mirando al río
“Yo río, tú ríes”, “Azul a colores”, “Guajazz”, “Río de Palabras”, “Afrodisíacos ribereños”, “Versos del Río”, son algunos de los eventos que este año buscan rendirle un tributo al mayor afluente comercial del país.
Martha Salazar (20) está contenta de participar en su proyecto, el concurso intercolegial de pintura “Ponle color a tu río”, porque considera genial mezclar lo artístico con la difusión del río Guayas como pilar de la identidad de los guayaquileños.
Pero antes de disfrutar la satisfacción del deber cumplido, estos chicos deben trabajar mucho para ejecutar sus proyectos, causarles incluso estrés que crece a medida que la fecha del evento se acerca.
“Lo más difícil es conseguir los auspicios de la empresa privada, por eso tenemos que insistir e insistir porque si no hay auspicios, tampoco hay evento”, afirma Miguel Bautista (21), cuya adrenalina estuvo a mil para sacar adelante su proyecto sobre el legado de la antigua cultura Puná.
Pero tanta ansiedad no solo los impulsa a encontrar gente que los apoye, sino que también crea conflictos entre ellos.
Jorge Vega (20) así lo sintió durante la organización de su evento, pero confiesa haber creado un fuerte vínculo de amistad con sus dos compañeros de grupo.
Otro premio que también reciben son las buenas relaciones que establecen con personajes del ambiente cultural y comercial de la ciudad.
Por ejemplo, Fátima Ordóñez (20) antes sentía recelo al exponer su evento a los directivos de las empresas que visitaba, pero hoy adquirió conexiones y una mayor confianza que la acompañarán en su carrera como comunicadora.
Junto a esos beneficios, claro que también hay una calificación de por medio, la cual es impuesta por el profesor de la materia, según el resultado del proyecto.
Y aunque ese detalle es el detonante inicial de las gestiones, la nota queda a segundo plano cuando estos chicos asumen su gran responsabilidad como difusores de un rico secreto que sacan a la luz cada vez que culminan su trabajo.