Domingo 01 de diciembre del 2002 ¿Se acuerda de...?

La danzarina más joven en los años 1930

Ana Palacios Blacio, ex balletista

Ni la pequeña balletista de 4 años se salvaba de los golpes –sutiles, pero golpes al fin– que el profesor Raymond Maugé propinaba con el palito que usaba para llevar el ritmo, a las alumnas de su academia de baile cuando cometían algún error durante los ensayos.

¿Dolía darlos? De lo que se podría testificar hoy es que dolía recibirlos, pero la sanción era parte de la disciplina que se mantenía en la sociedad del Guayaquil de las décadas de los treinta y cuarenta.

A los 5 años, Ana María Palacios Blacio, la menor de las alumnas de la academia de aquel maestro francés, consiguió en su primera presentación en el ahora desaparecido teatro Edén —en Nueve de Octubre y Chimborazo—, los halagos de la prensa local.

En 1937, la crónica de EL UNIVERSO sobre la presentación de fin de año de aquella academia, la única de danzas de la ciudad, decía: “La diminuta Anita Palacios, nena que apenas si se levanta menos de un metro del suelo, casi una guagua de biberón, arrebató al público, se lo robó, con su baile encantador.... Haber presentado a esa bebecita en perfecto dominio de la danza es el mayor triunfo del profesor Maugé. Eso demuestra hasta qué extremos llega su capacidad pedagógica en el difícil arte de la danza”.

Anita es hija de artistas clásicos. Su padre, León Benigno Palacios, y su madre, Ana María Blacio, hicieron giras por el país presentando conciertos -ella como pianista y él como violinista-.

“En esa época había mucha cultura”, dice Anita Palacios, ahora de 70 años, mientras revisa un álbum lleno de recortes de periódicos y programas, que informaban sobre las presentaciones que hizo y que, a través de las fotos, le devuelven la imagen de ella misma en otros tiempos.

El álbum que contiene una parte de la historia de esta mujer que en su niñez y adolescencia recibió aplausos por su sensibilidad en la interpretación de este arte, evoca también, de alguna manera, una ciudad “más humanista, menos preocupada por el consumismo”, según sus recuerdos.

Tiempos del Guayaquil de los gran cacao, de las óperas y de los frecuentes eventos culturales internacionales.
“Llegaban importantes compañías artísticas de España como aquella de Mariam Pineda, que presentaban zarzuela y opereta”.

“Lastimosamente, la actividad cultural en la ciudad se perdió casi por 50 años; no sé qué pasó. Ahora veo que eso está cambiando un poco con el MAAC (Museo Antropológico y de Artes Contemporáneas) y el Mercado Sur y eso es muy bueno”, dice Ana Palacios.

Bailó hasta los 17 años, justo antes de casarse con Efrén Vargas Ortega. Tuvo tres hijos: Efrén (médico y aficionado a la guitarra), Ana María (concertista de piano) y Pilar (abogada).

“Ya después (del matrimonio) era imposible bailar, sales encinta y cómo haces”. Lo dice también porque pide tomar en cuenta que a las danzarinas en su época se les obligaba mantenerse delgadas.

¿Cómo ve el ballet ahora? “Falta disciplina. Ya no se les impone disciplina a los chicos, ahora hacen como les da la gana, no tienen ninguna limitación”.
¿Se acuerda de...?

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