Domingo 20 de octubre del 2002 El tema del día

Lo que se desea es un presidente honesto

Redactor | Ronald Soria

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Ecuador desea un presidente honesto, que esté conciente de los problemas sociales, políticos y económicos del país .

Que conozca los problemas nacionales y locales. Que decida y que también negocie. Esas, entre otras cualidades, hacen parte de las características del presidente ideal, según una encuesta hecha en Quito y Guayaquil.

Indecisos o resueltos; desencantados o comprometidos; informados o no; animados o indispuestos; responsables u obligados.

Alrededor de 8,2 millones de ecuatorianos llegan hoy a las urnas para elegir nuevo presidente: un individuo –hombre o mujer– cuyo perfil deseado, según una encuesta contratada por este Diario y que sondeó el pasado fin de semana la opinión de quiteños y guayaquileños, se acerca al del funcionario perfecto.

Honesto, capaz, culto, inteligente y respetuoso –pero que imponga “mano dura” cuando sea necesario–. Que decida y que también negocie.

Comprometido sí, pero con la mayoría. Que conozca los problemas nacionales, los de las regiones y los de «la gente» en general.

Esos son precisamente los rasgos que millones de ecuatorianos esperan que tenga el próximo presidente o presidenta de la República, con quien confían, al elegirlo, se dé la vuelta a una historia de seis años de administraciones inconclusas, de gobernantes cuestionados y derrocados.

El perfil
Las respuestas de 510 personas en Quito y Guayaquil arman este identikit de quién debiera ser el próximo inquilino de Carondelet.

Sin embargo, para sociólogos y politólogos entrevistados, no hay entre los once candidatos uno que reúna todas las características de la encuesta, porque ese perfil se asemeja más al de un superhombre.

Rafael Guerrero Burgos, sociólogo, habla de que es necesario que los electores les digan a los aspirantes a la presidencia, a aquellos con mayores posibilidades de pasar a la segunda vuelta, cómo quieren que sea el próximo gobernante.

“Es como presionarlo para que acepten el reto de acercarse lo más próximamente a ese perfil”, agrega.

Mario Unda, del Centro de Investigaciones Ciudad, en Quito, dice que la imagen de ese presidente deseado refleja las preocupaciones que genera la realidad del país.

– ¿Se vota a partir de esa imagen deseada?
A la hora de decidir el voto no son solamente estos criterios los que entran en juego, responde Unda.

“Muchas veces se escoge candidato por cualquier motivo (incluso el “mal menor”) y luego se lo viste de las cualidades que quisiéramos encontrar en él. Así, la decepción no tarda en llegar”, dice Unda.

Precisamente las decepciones eran las que mantenían el miércoles pasado a María Jácome, de 30 años, dueña de una farmacia en la ciudadela Las Acacias, en Guayaquil, con dudas acerca de si votar o anular la papeleta en la que aparecen los candidatos a la presidencia.

Jácome reflexiona acerca de sus últimas decisiones en las urnas: en 1996 votó por Abdalá Bucaram y dice que se equivocó. Tres años después eligió a Jamil Mahuad y asegura que le ocurrió igual.

La profesional mantenía resistencia el jueves, pero aducía una cierta responsabilidad política: “No quiero que mi elección equivocada genere otra serie de años perdidos”.

Las recientes encuestas publicadas mencionan que los indecisos rondan el 40%.

Que sea honesto
Unda dice que el reclamo de honestidad (46,1% sobre otras cinco opciones) resulta obvio: “Últimamente hemos estado rodeados de escándalos de corrupción, hemos sido sometidos a políticas muy visiblemente ligadas a intereses particulares”.

La honestidad se impuso entre otras opciones: que conozca la realidad del país (21,2%), que sea capaz (19%) o sensible a las necesidades de los ecuatorianos (7,8%).

Los intereses regionales parecen no importar. Los resultados de la encuesta de Datanálisis descubren que para los guayaquileños (el 29,9%) es muy importante que el presidente sea de la Costa. En Quito, el 17,6% opinó que sí importaba que el futuro mandatario sea de la Sierra.

Guerrero asegura que en términos electorales “el país siempre termina dividido entre Sierra y Costa”.

Serrano, costeño o amazónico; hombre o mujer; independiente o no, son 8’200.000 ecuatorianos los que decidirán entre los once aspirantes a la Presidencia de la República quién se acerca a su perfil deseado.

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